Hace unas semanas leí un post en la cuenta de Instagram de la Periodista Natalia González Villarreal (@natalia_glez) que puso en palabras algo que vengo pensando desde hace un tiempo. Ella dice “Estas nuevas corrientes de coaching espiritual según las cuales ‘nadie te hace nada’, ‘tú atraes lo que vibras’, y ‘quien te dañó es un maestro que vino a enseñarte tus carencias’, solapan agresores y revictimizan víctimas.” (Textual).

A este posteo, la Lic. y profesora en psicología Victoria Schemelfenning (M.P. 1183), agregaba: “Nuevas corrientes que justifican las malas acciones de los agresores ‘nadie te hace nada’, ‘vos decidís si te afecta’, ‘por algo te pasó esto, algo tenes que aprender’, solo generan más angustia, más tristeza, y más culpa en quienes en realidad, necesitan que validen sus sentimientos y su experiencia. ¿Cómo podrías decirle a una víctima de violación, que con esa experiencia en realidad tenía algo que aprender? ¿cómo podes decirle a una víctima de violencia que atrajo ese tipo de persona a su vida? (…)” (Textual, @psico_trop).

Y sí, re sí, a toda esa reflexión.

Muchas veces intenté escribir sobre esto, pero no me animaba. Tanto nos bombardean con esto que la Psicóloga Constanza Pedroza ha definido como la “dictadura de la felicidad”, una especie de corriente según la cual estamos en completo control sobre nuestra realidad, transformándola a través de pensamientos y vibraciones, que dudé de mi propio criterio.

Con esta cosa de que “como es adentro es afuera”, “todo es mente”, “ley de la vibración”, “ley de la correspondencia”, y otros chiches del Kybalion y los siete principios del hermetismo adaptados al 2021, se está gestando una nueva suerte de adoctrinamiento espiritual… Y cuando te salís de eso, intentando aplicar criterio y ciencia a la experiencia humana, parece que sos el grinch.

A mí, francamente, notar el enrolamiento masivo a este tipo de afirmaciones sin sustento científico, que se propagan al ritmo de los memes y posteos de cuentas random que venden espiritualidad, me preocupa, me parece peligroso.

Una vez, charlando con una amiga que sigue estas creencias le pregunté – por esto de que “atraemos” lo que nos pasa – qué sucede si por ejemplo una criatura pequeña es víctima de abuso. Y ella me respondió que todo es perfecto, que antes de nacer hacemos un pacto con cada persona que nos topamos en “este plano”, que todo está acordado, y que esas cosas pasan para que el alma de esa criatura pueda saldar deudas kármikas de su vida anterior.

Yo me pregunto ¿qué pasa si, como sucedió con algunas religiones, esto empieza a transformar nuestra sociedad y termina expresado en leyes? ¿nos damos cuenta que este razonamiento puede invertir la responsabilidad y la culpa sobre una víctima? ¿Ser usado para manipular y confundir? ¿qué grado de responsabilidad por las propias palabras tenemos cuando le decimos a una persona que está sufriendo por algo que le sucede que ella “decide” si le afecta? ¿cómo nos sentimos cuando alguien niega o minimiza algo que genuinamente estamos atravesando?

Y otra cosa, no menor, es que personas que “adhieren” a estas concepciones promueven – y me ha tocado escuchar – que una debe alejarse de aquelles que “vibran bajo”  y a la inversa, a veces no piden ayuda o no cuentan lo que atraviesan (si lo consideran negativo) por entender que nadie tiene por qué bancarse esos procesos… desarmando necesarias e imprescindibles redes de contención con las que todes necesitamos contar, y que por eso mismo debemos ser parte cuando sea otre quién nos necesite.

La Constitución nacional nos garantiza el derecho a creer en lo que nos pinte… esta nota de ninguna manera pretende “cancelar” las creencias de nadie, pero Henryka es un espacio para también pensar y reflexionar juntes, y esta nota en particular una invitación a ello.

¿Y vos qué pensás de todo esto?