En una de las escenas finales de la taquillerísima película «Titanic», toooodes nos indignamos al ver como les pasajeres de primera clase, mujeres y niñes, y también algunos hombres acomodados, tomaban los pocos barcos salvavidas que habían para salvarse, dejando atrás otras vidas inocentes, que tenían igual, o incluso, mayor derecho a embarcarse ante el hundimiento.

Esta escena se me vino a la mente el viernes pasado cuando el estallido del escándalo por la «vacunación VIP» llegaba a su apogeo con la destitución del ahora ex Ministro de salud Ginés González García, a raíz de haber trascendido, de la propia boca del periodista, que Horacio Verbitzky había recibido la vacuna SPUTNIK V por ser amigo del destituido funcionario.

Claro que esto, lamentablemente, no pasa solamente en nuestro país, ni es una actitud privativa del ex Ministro ni del periodista. Pero francamente en lo personal considero que si bien la honestidad y el don de gentes no es un valor que esté de moda, no deja de ser un norte al que debemos continuar aspirando y un principio rector a seguir defendiendo.

La actitud del periodista, y lo digo solo como una humilde opinión, no me pareció un simple descuido o un arrebato egocéntrico, con su trayectoria me parecería llamativo que no hubiera podido anticipar las consecuencias de contar semejante cosa en radio.

Tampoco me cabe poner a González García como una víctima de la situación porque al fin y al cabo cada une de nosotres debe responder por sus acciones.

Pero no quiero poner el foco en ellos dos, porque no son un caso aislado respecto de lo que se está dando en muchos lugares del orbe, donde la vacuna es un bien limitado al que todes querríamos acceder, o que al menos accedan nuestres seres querides que adolecen alguna condición de base que aumenta el riesgo de vida ante un potencial contagio del coronavirus.

Esto es un síntoma de lo que somos como humanidad. No es simplemente el instinto de conservación, es no entender que el TODES debe estar por encima del YO para que podamos verdaderamente progresar.

Esto nos habla de que la inclusión es muchas veces solo un discurso, de que la igualdad en igualdad de condiciones es solo una utopía plasmada en la Constitución Nacional, y que estamos enfermos de individualismo.

Lo que el ser humanx se hace a sí mismx, se lo hace también al planeta, a los ecosistemas, a los animales, y así va el derrotero que nos pone ante la crisis climática y social que vivimos.

Por supuesto que entiendo que estas líneas que escribo puede que expresan lo que muches o algunes sienten ante la situación, pero también sé que caen y seguirán cayendo en saco roto hasta que haya una verdadera voluntad política de cambiar el sistema de influencias y favores que vician la hermosa herramienta que es la política, y que la ensucian injustamente.

Ginés González García, Verbiztky, Moyano (que también vacunó a su familia malversando el destino de las dosis que recibió la Obra Social camioneros), son solo nombres en los que vemos reflejados el profundo egoísmo que nos lleva cada día, con cada acción, a un destino poco feliz.

Cambiemos esto desde lo individual, para poder exigir el cambio colectivo. Mientras sigamos legitimando la cultura del ventajismo, amiguismo, y yoismo no podemos esperar que les funcionaries, que son personas iguales a nosotres, sean gente superlativa e impoluta.

Seamos el cambio que queremos ver en el mundo. No es distinte quien se queda con un cambio que le dieron de más, quien se cuela en la fila, quien encuentra un celular y no lo devuelve, quien compra un artefacto que a las claras es robado, quien se adelanta por una mano incorrecta, quien pide dinero que no devuelve, esto es responsabilidad colectiva.

Dejemos la hipocresía de la indignación vacía y recojamos el guante haciendo la parte que nos toca en el día a día. Si hay funcionaries facilitando vacunas a conveniencia es porque hay personas que están aceptando ser vacunadas antes de su turno.