Un antropólogo propuso un juego a los niños de una tribu africana. Puso una canasta llena de frutas cerca de un árbol y le dijo a los niños que aquel que llegara primero ganaría todas las frutas. Cuando dio la señal para que corrieran, todos los niños se tomaron de las manos y corrieron juntos, después se sentaron juntos a disfrutar del premio.

Cuando les preguntó por qué habían corrido así, si uno solo podía ganar todas las frutas, le respondieron: “UBUNTU, ¿cómo uno de nosotros podría estar feliz si todos los demás están tristes?.” (Relato del Libro “No tan terribles”, de Adí Nativ, Ivana Raschkovan, Noelia Schulz, editorial planeta).

UBUNTU es una norma ética sudafricana. La palabra proviene de las lenguas xulú y xhosa, y significa: “Yo soy porque nosotros somos.” (Definición realizada por Leymah Gbowee, activista pacifista de Liberia). 

Que sencillo sería todo si adoptásemos una actitud más “ubuntu” como sociedad. Si quisiéramos conseguir eso deberíamos primero revisar allí donde están las bases que forjan nuestro comportamiento social: la educación en la infancia.

La mayoría de  los juegos que jugaba de niña y puedo recordar, con sus matices y sus reglas, tenían una finalidad en común: ganar. Eran juegos de competencia: el juego de la silla, carreras de embolsados, tutti frutti, búsqueda del tesoro, etc. Juegos en los que quien llegaba primero, quien lograba permanecer más tiempo, quien “sabía más”, o “escribía más rápido” obtenía la victoria. 

Al tiempo, en que a través de esos juegos, aprendía a tolerar la frustración, se enquistaba en mi psiquis  la idea de que “ganar es bueno, perder es malo”, “quien gana es mejor”, “hay que ganar”, con todo lo que de ello se desprende.

De un tiempo a esta parte, pedagogxs, psicólogxs, maestrxs, mapadres, empezamos a problematizar los juegos y juguetes que les acercamos a lxs niñxs, analizando el impacto que tienen los mismos en los comportamientos, actitudes e ideas de lxs peques. Después de todo ellxs aprenden a través de estas herramientas, que forjan su personalidad y modo de entender el mundo.

En oposición a los juegos de competencia actualmente se está bregando porque se cambie este paradigma y se propongan juegos de colaboración, donde la participación de cada niñx sea importante para el resultado final.

Imaginemos la incidencia de este cambio cultural a futuro en los ámbitos académicos, laborales, políticos y hasta económicos.

Si lo podemos imaginar, lo podemos hacer. Son las pequeñas grandes cosas que definirán la sociedad que queremos dejar a las generaciones venideras y que están en nuestras manos.

Más UBUNTU y ganamos todxs.