Por Nadia Gibaja

Somos seres sociales, racionales, emocionales. Nos organizamos en comunidades sobre la base del consenso colectivo, que se construye a su vez a partir de ciertos valores o premisas compartidos por la mayoría.

Dichos valores o premisas no son pétreos, cambian, evolucionan, y nos los cuestionamos permanentemente a medida que la experiencia nos va mostrando cuáles deben ser descartados o modificados.

Generalmente esos cambios en nuestros valores vienen de la mano de movilizaciones empujadas por diferentes «colectivos» o asociaciones dentro del éjido social, que se agrupan a tal fin.

Por ejemplo asociaciones que luchan contra la discriminación por motivos de etnia, género, discapacidad, orientación sexual, etc… por el reconocimiento y conquista de algún derecho u otro tipo de cambio legislativo que garantice el acceso igualitario a la salud, justicia, educación…

Cada vez que esto sucede se levantan voces a favor y en contra. Y entonces aparece «esa» frase que viene a morigerar o a conciliar condescendientemente las diferencias: «Todas las opiniones merecen respeto».

Particularmente esta frase siempre me pareció absurda e hipócrita. Es una frase que viene a cobijar un sinfín de injusticias e inequidades supuestamente en nombre de la libertad de expresión y la democracia, muy mal entendidas estas dos últimas.

Cuando una opinión lastima, discrimina, impide o cercena el acceso a derechos elementales, enlentece procesos necesarios y urgentes, esa opinión no respeta a las personas, animales o situaciones a los que daña. Y por eso esa opinión no solo no merece respeto, sino que no debe ser tolerada.

Por ejemplo, una persona que opina que lxs gays son enfermos y/o depravados, y lo dice a viva voz y actúa en consecuencia, y fomenta de esta manera la perpetuación de las injusticias a las que la comunidad LGBTIQ se ha visto históricamente sometida, no debe encontrar ni respeto ni asidero.

Lo mismo cabe decir sobre quienes opinan que otras personas son inferiores o indignas por su origen, sexo, género, color de piel, idioma, etc.

¿Por qué debo respetar una opinión que daña? ¿Por qué debo asentir ante alguien que se cree por encima de lxs demás? ¿Por qué debo permitir condescendientemente la perpetuación de situaciones de inequidad e injusticia?

¿Es democrático acaso dejar pasar inadvertida cualquier forma de violencia o discriminación? ¡Claro que no! Nuestra Constitución Nacional y los Tratados de su misma jerarquía garantizan su erradicación.

¿La libertad de expresión comprende que debamos respetar todas las opiniones? Otra vez ¡no! La libertad de expresión implica poder manifestarse sin censura previa pero si vas a decir algo que daña a otrxs bancate desmerecer el respeto de quienes ya no toleramos que se siga sosteniendo el dolor ajeno.

No todas las opiniones merecen respeto, o al menos no el mío.