La forma de iniciar vínculos sexoafectivos debe ser una de las cosas que más se renueva y se transforma para la humanidad a lo largo de su historia.

Pasamos de la temporada social londinense – y variantes alrededor del orbe – a los pubs y bailables, hasta hoy: LAS REDES SOCIALES.

La pandemia acentuó la popularidad de estos canales como vías para encontrar pareja, sea para pasar el rato o enamorarnos, eso se va viendo sobre la marcha.

Nuevas plataformas surgen en el camino. La más usada últimamente es Instagram, que con la sutileza de una foto “casual” subida a una “STORIE” (publicación que dura solo 24 hrs.) es el pie para recibir respuestas por parte de interesadxs que, “como quien no quiere la cosa”, recogen el guante e inician una conversación por mensaje privado.

Frente a este cauce, que nos permite “hacernos lxs distraidxs” respecto de algunas de nuestras intenciones cuando interactuamos en redes (un like vale más que mil palabras a veces), se erigen alternativas que van directo al grano.

Entre ellas encontramos Bumble, okcupid, Badoo, PoF, Grindr, y la más popular en nuestro medio: TINDER.

Respecto a este tipo de redes existe aún cierto prejuicio, muchas personas rechazan el ser descubiertas, quizás por tabú, “decoro”, pudor u otros motivos.

Pero lo cierto es que la actualidad demanda flexibilidad y adaptación, ir venciendo las barreras mentales (y culturales) nos permite abrirnos a experiencias y personas nuevas por conocer.

Si estás soltero o soltera y tenes ganas de pasar un rato en compañía de alguien con quien compartir una charla, una cena, o darte un buen y saludable revolcón, es cuestión de saltar y entregarse al chapuzón. Al fin y al cabo: ¡PA CUANDO LA VIDA!