“Síndrome de la abuela esclava” CHAN CHAN… Que fuerte suena ¿no? Pero bueno, así fue como nombró el Dr. Antonio Guijarro, médico cardiólogo, a «un cuadro clínico patológico muy frecuente, grave, (…) que afecta a amas de casa en ejercicio activo».

Este cuadro, o “enfermedad”, como lo define la Psicóloga Encarni Liñan, afecta a mujeres de mediana edad, que se sobrecargan de trabajos o actividades extra-domésticas, generalmente ligadas al cuidado de otras personas de la familia. Según esta especialista “La delegación del cuidado de los hijos en otra mujer de la familia, que suele ser la abuela materna, es una de las estrategias de compatibilización familia-empleo más utilizadas (…).”

¡Cuanto daño que nos hace el mandato de cuidadoras!, YISUS CRAIST.

Dato sobre el tema es que la O.M.S. ha reconocido esta práctica de “abusar de la nobleza” – diría el chapulín – de “las abuelas”, como una forma de maltrato hacia las mujeres, que produce un agotamiento excesivo o sobreesfuerzo físico y emocional crónicos.

Y por supuesto, esto no es gratis. Los síntomas de quienes lo padecen se manifiestan psíquica y emocionalmente, generando, por ejemplo, hipertensión, diabetes, cansancio, caídas, malestar general, disconfort, tristeza, desánimo, falta de motivación, entre otros.

Lo que no se nombra no existe dicen, y es así, pues una de las principales razones por las cuales el diagnóstico es difícil de lograr, es que quienes lo padecen suelen negar/se estar sometidas a estrés por razones familiares.

Del otro lado la familia se desentiende de la situación, e incluso culpabiliza a la mujer de no saber delegar, al tiempo que ejercen formas de chantaje emocional hacia ella si no responde con predisposición y entrega a los pedidos y necesidades familiares.

Dejemos de romantizar, las tareas domésticas y de cuidados no son formas de expresar amor, son trabajo no remunerado.

Pero aún hay algo más que decir. Quienes estudian el tema señalan que una de las razones que perpetúa esta forma de matrato es que las “mamibuelas” se sienten “útiles” al poder colaborar y por eso prefieren resignar su tiempo libre a este fin. Que mella nos hacen la culpa y la lógica capitalista de la productividad, el rendimiento y la ganancia.

Soltemos chicas. Soltemos para enseñarles a soltar a las que vienen. Que el legado no sea la perpetuación de la opresión sino la enseñanza de una vida en íntegra y responsable libertad.

Al don pirulero, cada cual atiende su juego. A asumir responsabilidades y las culpas donde van.

Todes podemos ayudar y sostener, pero no más allá del límite de lo saludable, y siempre y cuando esa ayuda sea recíproca y equitativamente distribuida.