Por Nadia Gibaja

Desde Julio de este año se encuentra en estudio un acuerdo entre los gobiernos de las Repúblicas China y Argentina, que de concretarse implicaría que se instalen en nuestro país 25 megafactorías para duplicar la producción de carne porcina en los próximos 5 años.

Económicamente este acuerdo es -a priori- un negoción para el país, pero la debacle socio-ambiental que traería aparejada haría que tarde o temprano se convierta en uno de los peores tratados binacionales de la historia.

Este acuerdo no solo atenta contra el medio ambiente sino también contra las economías regionales de quienes se dedican a la cría de cerdos en granjas familiares y cooperativas.

El Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de nuestro país, Felipe Solá, es el encargado de las negociaciones con el Ministro de Comercio de la República China, Zhong Shan, por lo que viene a colación recordar que en los 90’s también fue Solá quien, sin ningún estudio de impacto ambiental ni discusión previa, autorizó la siembra de transgénicos, hecho que da cuenta de que el Ministro no se detiene demasiado en contemplar las implicancias de los arreglos que gestiona más allá de su conveniencia económica.

Argentina convertida en una inmensa granja de cerdos, para satisfacer la demanda del gigante asiático, implicaría una expansión del modelo agroindustrial que ahondaría problemas que actualmente demandan ser resueltos, como la deforestación, el uso excesivo de agroquímicos y agua.

La pandemia COVID-19 nos tomó por sorpresa como sociedad, pero no porque no se haya podido prever, o porque llego sin anunciarse, sino porque elegimos negarnos a escuchar a la comunidad científica, que una y otra vez ha puesto sobre aviso a la población y a los gobiernos mundiales que de no frenar el deterioro ambiental, de no cambiar los modelos productivos, de no desistir en el uso indiscriminado de los recursos, empezarían a aparecer enfermedades desconocidas, cada vez más virulentas.

Existen muchos estudios que evidencian que el modelo de producción previsto para el acuerdo porcino con China tiene efectos negativos en el sistema inmunológico de los animales relacionados con el origen de nuevas enfermedades, y que no solo afectan a los animales sino también se manifiestan en el ser humano, son las llamadas enfermedades zoonóticas. Los ya 9 meses de confinamiento, barbijo, ASPO y DISPO, alcohol en gel, etcétera, son resultado del negacionismo colectivo de cara a la situación de emergencia ambiental en la que vivimos.

Caer nuevamente en el error de ignorar la necesidad de replantearnos desde donde queremos crecer y hacia dónde vamos si seguimos a lo bobo el rumbo errático que estamos llevando, traerá consecuencias irreversibles que no serán aleatorias ya que estamos siendo testigos de lo que sucede si nos desentendemos de los pedidos y recomendaciones que la comunidad científica no se cansa de repetir.

Si el Gobierno Argentino toma la decisión de firmar este acuerdo, estará decidiendo también, y de forma consciente, llevarnos al desastre ¿se atreverá a cargar esa mochila?

La militancia funciona. El reclamo masivo de asociaciones ambientalistas, activistas por los derechos de los animales, famosos e influencers que se sumaron a la campaña #modopandemia, y ciudadanos y ciudadanas que decidimos dejar de negar y mirar de frente al problema, ha logrado  demorar la concertación del acuerdo.

Esperemos que seguir en pie de lucha sirva no solo para hacer caer esta descabellada propuesta, sino también para revisar nuestro modelo agroproductivo y nuestras acciones individuales.

El futuro nos espera, depende de nosotros con qué cara lo encontremos, todavía hay esperanzas.

Para quienes quieran ampliar información aquí les dejamos el link de la campaña #modopandemia donde, entre otra información y material, encontrarán el libro “10 mitos y verdades sobre las megafactorías de cerdos” de los autores Soledad Barruti – Inti Bonomo – Rafael Colombo -Marcos Filardi, Guillermo Folguera – Maristella Svampa – Enrique Viale:

https://somosmiles.org/modo-pandemia/