Por Nadia Gibaja

Negar la realidad ante verdades incómodas es un recurso habitual de la humanidad. El autor Michael Specter define que estamos ante negacionismo grupal cuando «todo un segmento de la sociedad, a menudo luchando con el trauma del cambio, da la espalda a la realidad en favor de una mentira más confortable» (Specter, Michael (2009). Denialism: How Irrational Thinking Harms the Planet and Threatens Our Lives. Penguin. ISBN1594202303.).

Así se ha comportado nuestra especie a lo largo de su historia frente a la evidencia científica que la sacara de su zona de confort. De hecho, Galileo Galilei, conocido como “el padre de la ciencia”, pionero del método científico experimental, fue condenado por sostener que la tierra giraba en torno al sol desafiando la teoría geocéntrica defendida por la Iglesia en sus tiempos.

De ejemplos como el de Galileo está plagado el pasado y también el presente. Actualmente gobiernos poderosos como el de Donald Trump y Vladimir Putin han defendido que el cambio climático es un fraude, inventando teorías conspirativas que motivarían la instauración de dicha “mentira”.

2020 ha sido un año marcado por la catástrofe climática y sanitaria. La pandemia COVID-19, los focos de incendio, las inundaciones, son prueba irrefutable del daño ambiental que están causando los desmontes, los monocultivos, la cría de animales en condiciones de hacinamiento, el desperdicio de alimentos, la no reutilización de los residuos, la contaminación de las aguas y el suelo con desechos industriales, el uso de pesticidas altamente tóxicos para quienes habitamos la tierra y nos nutrimos de ella, la liberación de gases contaminantes, y muchísimos otros factores – innumerables como para mencionarlos todos – que tienen como factor común, y también como motivo de su perpetuación, una sola razón: EL NEGACIONISMO SOCIAL FRENTE AL CAMBIO CLIMÁTICO.

El sociólogo e investigador del Conicet Daniel Feierstein expresó que: “Los sistemas de defensa psíquica buscan protegernos de una experiencia que no podemos asimilar en ese momento. Sin embargo, cuando se trata de representaciones colectivas que se articulan con la acción social pueden tener efectos devastadores. En distintos fenómenos catastróficos (guerras, genocidios, terremotos, tsunamis), el negacionismo constituye una respuesta común pero, a la vez, un desafío a desarmar para toda sociedad que se proponga actuar de modo efectivo ante sucesos nuevos.” (El Cohete a la Luna, “SOCIOLOGÍA Y NEGACIONISMO”, 13 de Septiembre de 2020).

Actuamos como si el humo que hoy tiñe el norte de nuestro país y zonas limítrofes no existiera, como si los barbijos que dificultan nuestra respiración fuesen una imposición antojadiza, como si los árboles florecidos fuera de estación, o el silencio de los pájaros, la extinción de las especies, no fuesen una realidad tangible en lo cotidiano.

Es que se nos hace tan inmenso el peso de cargar con la responsabilidad individual y colectiva por lo que está sufriendo el planeta, y nos parece tan imposible frenar la infinita maquinaria que – movida siempre por intereses económicos – rompe ésta que es nuestra casa, que preferimos simplemente seguir nuestras vidas, aceptar que no podemos hacer nada y abocarnos a vivir, a lo bobo, poniéndole cabeza y energía a trivialidades (trivialidades frente a esta desesperante realidad de la que hablo).

Pero no, ya no podemos seguir haciéndolo, ya no podemos no hacerle caso al grito desgarrador de la pacha mama pidiendo auxilio, porque actualmente, literalmente, el fuego está llegando a nuestros hogares, está arrasando con todo, incluso con ese rincón del mundo en el que nos sentíamos a salvo.

La buena noticia es que podemos hacer, y mucho, desde lo individual. Eligiendo materiales biodegradables, como pañales de tela, tohallitas higiénicas reutilizables, copa menstrual, bolsas de papel reciclado, juguetes hechos con material reciclado, medios de transporte ubarno colectivos, separando la basura, cultivando lo que el espacio en nuestros hogares nos permita cultivar, elaborando compost, eligiendo comprar de la feria, disminuyendo el consumo de carnes, entre muchas otras cosas que podemos investigar y aprender si realmente hay conciencia y voluntad de cambio.

También podemos actuar colectivamente replicando información que ayude a otrxs a cambiar hábitos obsoletos y nocivos, sumándonos a organizaciones de la sociedad civil que lleven a cabo acciones grupales concretas para frenar la contaminación, sabiendo elegir a nuestrxs gobernantes, manifestando nuestra disconformidad con lo que está pasando, empezando por rebelarnos contra nuestras propias acciones y siguiendo por exigir a los gobernantes que pongan al medio ambiente en agenda, que actúen, que haya voluntad política de concientizar, sensibilizar, y de poner en práctica políticas públicas efectivas, saliéndose del discurso demagogo y vacío.

Que el futuro rompa con el pasado y el presente, que el futuro nos encuentre conscientes, ocupadxs, activxs, en la firme voluntad de restaurar este planeta divino, rico, hermoso, precioso, incomparable sobre el que estamos paradxs.

AFUERA EL MIEDO, miremos de frente al problema, sintámonos capaces de cambiar las cosas, saquemos lxs guerrerxs que hay dentro de cada unx y luchemos por lo más importante y más imprescindible que podemos pelear que es el lugar donde habitamos, porque sin él todo lo demás no existe.