Mansplaining es la conjugación de dos términos: “man” (hombre) y “explain” (explicar), y refiere a aquellas situaciones en las que el varón, asumiendo una actitud paternalista y condescendiente, intenta explicarle a una mujer algo sobre lo que ella misma puede saber (o sabe) aún más. No debate o intercambia opiniones, sino que desautoriza los conocimientos de la mujer, para “enseñarle”.

El término adquirió visibilidad gracias a la escritora estadunidense Rebecca Solnit, quien escribió un ensayo sobre el tema, luego publicado en su antología de textos “Men Explain Things To Me” (Los hombres me explican cosas), en donde analiza la tendencia de los hombres de explicar cosas con «tono paternalista», según ella misma lo define.

La idea le surge a partir de una anécdota en una fiesta, que la tuvo como protagonista.  Un hombre se le acercó y le preguntó de qué trataban sus libros, ella comenzó a hablarle sobre el más reciente, en ese momento él la interrumpió para hablarle sobre otro libro que, según él, trataba ese mismo tema pero mejor. Pero resultó que ese libro al que aludía el hombre era el mismo del que Solnit le estaba hablando, escrito por ella. 

Estamos ante una actitud “mansplaining” cuando un varón subestimando la capacidad de una mujer y suponiendo que ésta sabe menos por el hecho de ser mujer (aunque esto último se dé de forma tácita o inconsciente) intenta corregirla, “marcándole la cancha” como suele decirse.

Sucede por ejemplo cuando en una conversación la voz de la mujer no tiene lugar, directamente porque hablan por encima de ella, la ignoran, la hacen callar, la desautorizan o hacen chistes sobre lo que dice. ¿Notaste esto alguna vez?

Ocurre también cuando un varón cisgénero quiere explicarle a una mujer cuestiones que son atientes al hecho de ser mujer. Para ejemplificar se me vienen a la mente anécdotas que sobrevinieron con mi maternidad. Una vez en un almuerzo familiar comenté que mi deseo era que el alumbramiento de mi hijo se dé por parto vaginal, a lo que un varón de la familia me respondió que él prefería que yo tuviese cesárea y luego intentó explicarme, él -que nunca parió – a mí – que soy la que iba a poner el cuerpo – por qué era mejor el parto por cesárea. Luego del nacimiento de mi hijo, ese mismo varón, se puso a darme lecciones sobre lactancia, cuestionando por ejemplo la posición en la que sostenía a mi hijo mientras daba de mamar, lo que yo comía, el tiempo que lo tenía a la teta, todo esto a pesar que le había comentado que me estaba asesorado sobre el tema con una puericultora, la pediatra de mi bebé, libros que compré, mi obstetra, etcétera, es decir, él sabía más incluso que las especialistas.

En ámbitos laborales ocurre cuando un varón pretende explicarle algo a una mujer especializada, técnica, experimentada o profesional sin serlo él mismo. ¿Suena absurdo no? Bueno, entérense que pasa, doy fe.

Otro ejemplo de mansplaining son las situaciones en las que los varones cisgénero quieren enseñarnos a las feministas cómo debemos militar el feminismo, poniendo foco generalmente en las “formas” o discutiendo cuestiones sobre las que jamás leyeron o se informaron de fuentes académicas o científicas fidedignas. En mi caso soy especialista en estudios de género, sin embargo no pocas veces me encontré con varones que quisieron explicarme – a pesar de saber sobre mi especialización – qué es el feminismo.

Estas demostraciones de poder invisibles habitan el campo de lo sutil, los simbólico, lo comunicacional, y funcionan de manera aleccionadora, reforzando estereotipos e infantilizando a las mujeres, y en definitiva – otra vez – perpetrando la desigualdad que nos desbeneficia como género.

Por supuesto, no nos referimos como “mansplaining” a cualquier situación en la que un varón explique algo a una mujer, sino a aquellos casos en los que el varón desautorizando el conocimiento, capacidad o experiencia de la mujer intenta “corregirla” o “enseñarle” sobre temas en los que ella puede saber o sabe más.

Estas conductas son aprendidas y obedecen a pautas culturales. Aprender a visibilizarlas es un peldaño que nos acerca a la igualdad. Ponerle nombre a las cosas permite reconocerlas y darles forma. Eso se hace esencial para despojarnos de hábitos que nos desmejoran como sociedad.

¡Avanti!