Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

Desde el vientre materno en adelante todo, en la vida de un/a humane, queda directa o indirectamente condicionado – culturalmente – por su sexo biológico.

A la frase “estoy embarazada” le sigue la pregunta “¿y ya sabes qué es?”, y con ese “qué es” la gente no espera que le respondas si es persona o delfín, está preguntando si es “nena o varón” conforme su genitalidad.

La lógica binaria varón-mujer, masculino-femenino, atraviesa todos y cada uno de los aspectos de nuestra humanidad. Y quienes no respondan a esa lógica “rompen” el statu quo, con todo lo que ello implica.

Pero resulta que, de un tiempo a esta parte, a medida que pudimos nombrar nuestras diferencias, abrazarlas y comprenderlas, empezamos a entender que lo que no tiene razón de ser, no son las diferencias ni la diversidad, que son regla en nuestra naturaleza, sino la lógica binaria en sí.

La genitalidad de una persona expresa su sexo biológico, nada más. Hembra, macho, intersexual. No tendríamos que relacionarla inmediatamente con su género, ni su orientación sexual, ni su forma de vestir o hablar (expresión de género) que son conceptos aparte.

El género, tiene que ver con la autopercepción, es decir, con identificarnos a nosotres mismes como varón, mujer, queer, persona de género no binario, de género expansivo, y variantes.

La orientación sexual en cambio refiere a sentirnos atraídes sexo-afectivamente por personas de un género determinado, a más de uno, o a ninguno en particular, y son muchísimas las variantes, y son fluctuantes. Así encontramos homosexuales, heterosexuales, asexuales, pansexuales, demisexuales, etcétera, y esto puede cambiar en una misma persona a lo largo de su vida.

Por otra parte la expresión de género, es decir la apariencia exterior de alguien, ligada a su manera de vestir, a sus posturas, formas de hablar, podrá ser más femenina o más masculina, o completamente intermedia, y esto es muy personal de cada une, y, como todas las anteriores, tampoco está ceñida al sexo biológico.

Nos enseñaron que esto no es así, que se es varón o mujer, y conforme ello nos atraen las mujeres o los varones, los celestes o los rosas, pero la realidad nos demuestra que el universo es diverso, que todo está en constante cambio, que nada está bajo nuestro control.

Fluir con esta realidad, amigarnos con ella,  nos libera del peso de pensamientos, actitudes y sensaciones desagradables, y también libera a les otres.

¡MAS AMOR POR FAVOR!