Todos los años durante los primeros días de agosto se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Esta celebración tiene su origen en el año 1990, cuando 120 países se unieron en favor de ello. Desde esta iniciativa mundial –impulsada por la OMS- se promueve la Lactancia Materna como una de las acciones fundamentales en la relación madre-hijx, sus implicancias en la salud pública y la comunidad. 

Este año la celebración tuvo lugar entre el 1 y 7 de Agosto, el lema fue “Apoyar la lactancia materna contribuye a un planeta más saludable”. Efectivamente, dar la teta es una cuestión de salud pública y ambiental, dos de los derechos humanos más fundamentales por su incidencia en casi todos los demás. 

No obstante ello se debe resaltar que en gran medida la importancia que reviste la lactancia materna se ha soslayado durante mucho tiempo, en parte por la incidencia de la industria de los alimentos que ha hecho mucho por convencernos de la existencia de productos que pueden reemplazar la leche materna, con todos sus beneficios. Por otra parte, debido a un mercado laboral que responde a la lógica patriarcal que históricamente vulnera los derechos de las mujeres. El derecho a dar la teta no ha sido la excepción. 

Felizmente, de un tiempo a esta parte, luego de décadas de una lucha que involucra a científicxs, activistas, comunicadorxs, y en primera línea, a nosotras, se ha logrado posicionar a la lactancia materna como un factor insustituible que hace la diferencia tanto en lo individual como en lo colectivo. 

Gracias a ello cada vez son más los países que incluyen en sus plexos normativos leyes que protegen y garantizan la lactancia, y si bien queda mucho por hacer y por mejorar, que sea un derecho reconocido y protegido es un gran paso y nos anima a seguir trabajando por lo que falta. 

En nuestro país, Argentina, contamos con la Ley Nº 26873 de Promoción y Concientización Pública de la Lactancia Materna, como así también el Artículo 179 de la Ley Nº 20.744 que nos otorga a las madres dos descansos de media hora para amamantar (o sacarnos leche) por un período no inferior a un año, posterior al parto (que nos parece POQUISIMO, pero que nos da lugar a reclamar una mejora), y con los tratados con jerarquía constitucional que nos reconocen el derecho a dar la teta, entre otros instrumentos que tienden a garantizar este derecho de mamá y bebé/niñx. 

Otro cantar es el entorno social y cultural, que muchas veces se constituye en un obstáculo para las que decidimos dar la teta. Los prejuicios, desinformación y opiniones, ejercen presión sobre nosotras al momento de sacar el pecho para amamantar a nuestra cría. 

Por eso es muy -muy importante- que, quienes estamos embebidxs de conocimientos sobre las insustituibles propiedades altamente benéficas que tiene la leche materna obremos como replicadorxs de esa información para naturalizar y revalorizar la función de amamantar. 

Es inagotable la cantidad de información que podríamos consignar a fines de entender la importancia de la lactancia materna. Haciéndolo muy sintético vamos a mencionar que fortalece el vínculo madre e hijo, tiene su correlato en la construcción psicológica de lxs niñxs, favorece el desarrollo neurológico, el sistema inmunológico, el crecimiento físico. La leche materna entre sus milagros se adapta específicamente a los requerimientos del/la bebé, para quién está destinada, por ejemplo, la madre al estar en contacto estrecho con su bebé absorbe patógenos que pueden afectarlx y desarrolla factores inmunológicos precisos que le transmite a través de la leche. Contiene probióticos, agua, proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas y minerales en las cantidades exactas que necesita el/la bebé que la toma. Tiene propiedades analgésicas. En fin, es realmente única e irremplazable. 

Pensemos cuánto nos ahorramos en salud pública y cuanto más nos podemos ahorrar al promover y garantizar la lactancia materna. Pensemos cuánto daño ambiental podemos evitar si las madres se ven alentadas a elegir dar la teta y sostenidas en esa decisión,  porque no olvidemos que la producción de lácteos y derivados tiene un correlato ambiental que va desde la cría del ganado – que tema aparte merece el maltrato a las vacas y sus crías en los sistemas de producción – hasta los desechos que se generan al empaquetar esas leches. 

Pensemos en cuántas lactancias deseadas no pudieron ser porque la madre no tuvo información, apoyo o medios para sostenerla, y en todo lo que se puede hacer por evitar que esto pase.

Amén de todo lo dicho, cabe resaltar que la lactancia materna debe también ser entendida como una elección que parte del deseo y libre voluntad de la mujer a cargo de la misma. 

La lactancia es un período durante el cual el ser humano es alimentado a base de leche, y que debe debe ser respetado y apoyado por el entorno, deseado y elegido por la mujer, y sostenido por la díada mamá y bebé. 

Vivimos en un mundo diverso, y asimismo, diversas son las lactancias. Materna, mixta o de fórmula, todas son lactancias.

Por ello, sin perjuicio de reconocer los beneficios únicos de la leche de madre, aquellas mujeres maternantes que no deseen, no puedan, o por cualquier motivo, no den la teta, no deberían sentirse juzgadas ni presionadas en el sentido contrario, ya que la lactancia, como proceso, también involucra (o debería involucrar) el disfrute, el goce, sentimientos, emociones, y debe ser recordada con alegría y nostalgia, y no constituirse en un mandato más que se apoya sobre nosotras y se vivencia como algo tortuoso y desgastante. La lactancia -como todas las demás aristas de nuestra existencia como mujeres- debe ser contextualizada en el marco de la soberanía y libertad sobre nuestros cuerpos.

Amamantar es un derecho que nadie puede cercenar, cuyo ejercicio implica un acto de amor inconmensurable y al mismo tiempo una tarea invaluable desde lo humano y también desde lo económico, por su repercusión inmediata en la salud pública y ambiental, entre otras cosas. 

Las mujeres sostenemos la vida y muchas veces lejos de alivianarnos el camino la sociedad nos pone piedras en él, prejuicios, abusos de autoridad, violencia obstétrica, mandatos, falta de apoyo, mitos replicados como verdades, opiniones, profesionales desactualizados ¡QUE SON PIEDRAS!. 

Que la Semana Mundial de la Lactancia Materna sirva cada año para poner en su real dimensión y trascendencia EL VALOR SOCIAL, AMBIENTAL Y ECONÓMICO de lo que hacemos las mujeres maternantes.

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