En nuestro país en 2008 se sancionó la Ley Nº 26396, de prevención y atención de enfermedades y trastornos alimentarios.

Dada la ventana de oportunidad única que representa la infancia para educar paladares, cimentar la bases de la salud y deconstruir nuestra cultura alimentaria, esta ley, entre otras disposiciones, contempla la implementación en establecimientos educativos de “Kioskos saludables”, es decir, kioskos que ofrezcan a les estudiantes alimentos considerados saludables.

Esta sanción fue puntapié para que las Provincias y Municipios dicten sus propias normas al respecto. En la Provincia de Misiones la Ley VI – Nº 125 hace lo propio. También la Ciudad de Posadas dictó en aquel entonces la Ordenanza XII – Nº 26.

Si bien el espíritu de estas normas es plausible – y necesario – quiero detenerme en el texto de la Ordenanza posadeña mencionada, la que, intentando seguir los lineamientos de la Ley Nacional, dispone expresamente lo siguiente: “Establécese la obligatoriedad para los kioscos saludables de tener como oferta de venta (…): frutas, yogures, cereales, barras de cereales, jugos naturales, ensaladas de frutas, licuados y otros alimentos de bajo tenor graso y poco contenido de azúcar.”

La ordenanza municipal me parece un buen ejemplo para proponer el mensaje de esta nota. Por un lado insta a que se ofrezcan alimentos con bajo contenido de azúcar, y por el otro menciona específicamente yogures (¿yogurísimo?), cereales (¿acaso zucaritas de kellog’s? ¿almohaditas de quacker?) y barritas de cereales, todos ultraprocesados que hoy sabemos son altos en azúcar, sodio y, principalmente, en químicos, utilizados para saborizar, aromatizar, darle textura, y conservarlos en la góndola apto consumo por muchísimo tiempo. Pudiendo además mencionarse que los “jugos naturales” si bien son una mejor opción que las gaseosas, es tomarse un vaso de azúcares libres, entonces… Estamos en la misma, ¿qué pasará con tomar agua me pregunto?

Y así es con todo, pasa igual por ejemplo con la guía de alimentación complementaria de la Sociedad Argentina de Pediatría vigente actualmente, otro cantar la lista de alimentos que entran en “precios cuidados” e incluyen todo un abanico de alimentos chatarra, los alimentos que se ofrecen en merenderos y comedores comunitarios…

Más allá de todo esto, también hay que mencionar que estas normas – que aunque rudimentarias y mejorables tienen un buen propósito y son un primer paso – ¡NO SE IMPLEMENTAN! Entonces, tenemos guarderías y jardines maternales que de desayuno ofrecen jugos en caja y galletitas de paquete, kioskos de escuela donde encontramos papas fritas, chizitos, chupetines, panchos, jugos de sobre, gaseosas.

Todo lo que me lleva a afirmar dos cuestiones. Por un lado URGENTE las autoridades, los docentes y los agentes de salud (pediatras y nutricionistas sobre todo) a actualizar contenidos sobre alimentación. Fundamental la aprobación de la Ley etiquetado claro para esto. Por otro lado la ciudadanía, conozcamos nuestros derechos y exijámoslos.

Comer es también un acto político, es un posicionamiento frente a un sistema que nos enferma y desinforma hace años. En mi caso elegí para mí y para mi hijo una alimentación natural, casera y libre de ultraprocesados, pero es un cotidiano luchar contra una sociedad aleccionada y zombie que te tilda de exagerada, de extremista, de fundamentalista, y deslegitima esta elección diciéndote que todos crecimos comiendo estas puerquezas y seguimos vivos.

Y lo más reciente, como no basta con aleccionarnos con comentarios disuasivos, se ha patologizado a las personas que elegimos comer por fuera de la lógica alimentaria hegemónica, inventando un término específico: ortorexia. Y sobre esto habrá una segunda parte de esta nota.

To be Continued…