A Cenicienta, sus malvadas hermanastras y madrastra la redujeron a servidumbre. A Blancanieves, su madrastra bruja la envenenó. A la Sirenita, la hechicera Úrsula le ofreció un trato Usurero, robándole la voz y traicionando su confianza. A Rapunzel, su madrastra la encerró en una torre.

Y así las mujeres vamos construyendo la idea de una “otra” que es enemiga, es rival, es competencia.

Esto no es casual, no es fruto de la coincidencia. Nada más conveniente para un sistema patriarcal y opresor que encontrarnos enfrentadas, desunidas e incomunicadas.

“Nada peor para una mujer que otra mujer”, “las mujeres se visten para las mujeres”, “comentario de suegra”, “esa es una rompehogares” 

¿Les suenan esas frases?

Todas comparten el mismo patrón, ponen el foco sobre nosotras, nos señalan y nos colocan en lugares horribles. ¿Lo peor de todo? Nos han enseñado a reproducirlas, y han logrado el objetivo, aleccionarnos, y convertirnos en aleccionadoras que reproducen y perpetúan prácticas que nos oprimen como género.

Visibilizarlo es necesario. Cuando como mujer te referís a otra mujer como “gato” o “puta” por vivir su sexualidad libremente, estás coartando tu propia libertad sexual, estas siendo cómplice de la cultura que oprime.

Cuando como mujer pones el foco en enojarte con la amante de tu pareja (heterosexual en este caso), estás sacando el foco del verdadero responsable, aquel que sí tenía un compromiso con vos.

Cuando comentas que tal se le cayó el traste, o que engordó tantos kilos, o que descuida su aspecto desde que es madre, etc, de nuevo, estás siendo cómplice de todos los mandatos y estereotipos que nos van “moldeando” forzada y angustiosamente a ser lo que la cultura espera que seamos y el sistema necesita que seamos.

Rompamos con ésta lógica. Sembremos sororidad. Sembremos compañerismo, empatía, unión, solidaridad, respaldo entre nosotras. Que sea un nuevo código, un código feminista, una alianza tácita que nos abrace a todas y cada una estemos en el lugar del mundo que estemos. Que cuando nos encontremos en la mirada de otra mina sepamos que ahí podemos descansar, y viceversa. Desde ahí se gana la batalla por la paridad de derechos y oportunidades.

Que el compromiso de sostenernos unas a otras desde la sororidad sea una postura política que produzca el cambio social que necesitamos las mujeres para ganar la batalla por la verdadera igualdad.

Pensemos en esto, históricamente a las mujeres se nos ha confinado al plano doméstico, apoyando sobre nuestras espaldas el inmenso trabajo de cuidar del hogar y sus miembros.  Cuando logramos ingresar al mercado laboral formal además se sumó el sostenimiento económico, sin repartirse proporcionalmente las labores hogareñas. En este contexto: ¿Qué tiempo tenemos las mujeres para fortalecer y estrechar nuestros vínculos con otras mujeres? Si a eso le sumamos el mirarnos entre nosotras con desconfianza, acusarnos, señalarnos, condenarnos, ¿qué nos queda?, la profunda soledad, ese lugar sombrío donde estamos totalmente vulnerables, a nuestra suerte, inermes.

En este cometido es importante el laburo de deconstrucción que haga cada una, porque éste cambio parte desde lo individual. Para esto debemos ser conscientes que el estereotipo de rivalidad entre las mujeres está muy arraigado, y como todo lo que es cultural, cuesta muchísimo revertir. 

Vamos a encontrarnos miles de veces en situaciones en las que veamos mujeres depredando mujeres, no tenemos que enojarnos, tenemos que ser fuertes, e intentar desde el ejemplo cambiar la mirada, invitar a la reflexión, quitar el velo a las que aún no pueden verlo. Charlemos de esto con nuestras amigas, nuestras madres, nuestras hermanas, nuestras cuñadas, nuestras suegras, la vecina, la compañera de laburo. Desandemos los caminos que nos han conducido al ostracismo. 

Tomémonos fuerte de las manos unas a otras, contextualicemos las actitudes erráticas que veamos en las demás, sepamos que es una lucha que tiene mucho por delante, y con la más firme voluntad propongámonos cambiar la mirada.

Desde ahora, juntas. ¡Solas nunca más! Y así, invenisbles.