El cuerpo femenino. Que imán. Tan expuestas siempre. Ahí, en primera plana en bikini, ahí en la tele semidesnudas en medio de una ronda de tipos de traje, ahí, en la tapa de la revista tapando nuestras tetas con el antebrazo, ahí en el cartel de la publicidad en bombacha y corpiño, ahí en las redes sociales, cada vez más destapadas.

Cada unx hace lo que quiere, nadie decide qué está bien y qué está mal, no caben análisis moralistas  obsoletos e inconducentes al respecto, pero me es imposible no advertir el sesgo de género que existe en el tipo de fotos de nosotrxs mismxs que subimos mujeres y varones.

¿Cuán libres somos al elegir lo que subimos a las redes, al decidir lo que mostramos y cómo nos mostramos y cuánto estamos condicionadxs – invisiblemente – por la cultura? Yo diría que por completo.

Y la pregunta del millón ¿Por qué lo hacemos?  ¿Por qué decido subir una imagen de mi misma en tanga y sin corpiño, descontextualizada, en el baño (el baño) solo porque sí? ¿Qué me lleva a exponerme de esa manera? ¿Qué siento al hacerlo? ¿Qué quiero mostrar?

Si claro, cada unx tendrá su motivo. Pero ¿Por qué veo muchísimas fotos hipersexualizadas de mujeres y muy pocas (en relación) de varones?

Me pregunto si será la necesidad de agradar, ese maldito mandato que pesa sobre nosotras de tantas maneras. El ser “lindas”. Y que nos digan que somos lindas. La ansiedad a ver cuántos likes tengo, cuanto más valgo. Validarnos exógenamente, que peligro… y que consecuencia tan lógica al mismo tiempo, porque es el resultado de haber crecido en una cultura donde “EL” halago era “que linda nena”, “que simpática”, “que obediente”, “que prolija”, “que coqueta”, y muchos otros en ese mismo sentido, y pocas veces recibimos (si es que recibimos en algún momento) un “que valiente”, “que decidida”, “que inteligente”, “que audaz”. Es obvio entonces que las minas asociemos la valía personal al aspecto.

Me parece injusto entrar en el análisis sobre la responsabilidad personal que cada una tiene en la perpetuación de esta mujer hipersexualizada, oprimida por un sistema que le vende eso como poder personal y libertad, cuando en realidad las usa para fines comerciales, es injusto, porque no es la primera vez que las mujeres – sin saberlo – somos cómplices y víctimas de nuestro opresor, al mismo tiempo.

Porque si, siempre es económico, siempre es comercial. Los publicistas ganan, las empresas de cosmética ganan, los textiles ganan, ganan las redes sociales de las cuales somos su mercancía (y cuyo cliente son las compañías), ganan todxs menos nosotras, que perdemos, porque seguimos sufriendo física, psíquica y económicamente por llegar a los estándares de belleza, por vestirnos y maquillarnos al efecto, por mostrarlo, porque nos lo reconozcan, sumando ansiedad, frustración, etcétera-etcétera, a nuestras vidas.

El Proyecto de Investigación “Selfiecity”, liderado por universidades alemanas y estadounidenses, ha estudiado el fenómeno de las Selfies en redes sociales, en distintas ciudades. Sobre una muestra de 3200 autofotos de instagram han arribado a que la mayoría de dichas fotos son subidas por mujeres, por dar un ejemplo, en Moscú el 80% de las selfies tenían como protagonista a una mujer. ¿Casualidad? No, causalidad.

No podemos hacer un análisis simplista de esto y decir “es bueno/malo”, “lindo/feo”, “está bien/está mal”. No podemos infantilizarlo de esa forma. Y reitero, este análisis que hago lejos está de dirigirse de forma condenatoria a ninguna mujer que, como yo misma lo he hecho, se expone o expuso alguna vez en redes sociales a través de una imagen sexualizada.

Todo ello responde a que vivimos enmarcadas dentro de una cultura, pero eso no quiere decir que tengamos que aceptarla a lo bobo sin cambiar nada. La lucha feminista es una lucha de cambios, cambios que operan a través de la conquista de derechos.

En algún momento de la historia las mujeres hemos sido condenadas por tener una vida sexual activa, o por vestirnos de forma provocativa. En ese entendimiento puede tal vez llegarse a la conclusión de que poder mostrar el culo es una conquista. Pero no, porque hoy ya no transgredimos ni enfrentamos nada haciéndolo, ya no estamos rompiendo barreras ni conquistando nada. Al contrario. Respondemos a la lógica patriarcal de mujer mercancía, mujer propiedad, mujer intercambio. Cumplimos con la norma.

Quiero que el día de mañana mi hijo varón viva en el contexto de una sociedad donde las mujeres ocupen puestos de jerarquía, lideren, donde no existan techo ni paredes de cristal, ni diferencias salariales, ni roles y mandatos opresores. Quiero que esta generación crezca con ideales diferentes, donde ser linda no sea una meta, donde ser linda (en términos de belleza hegemónicos) no sea un requisito, donde no sea un limitante. Que las niñas sueñen con cosas diferentes, donde las jóvenes se animen a elegir profesiones “duras”, y confíen en sí mismas, porque la confianza les nace de adentro, desde el estómago, y les sale por los poros, y se sientan capaces de alcanzar cualquier meta. Donde las mujeres seamos realmente libres – también – de esa necesidad de agradar.

¿Queres mostrar el culo? Metele. ¿Está bien? No ¿está mal? No ¿Estás segura?