Por Nadia Gibaja

Hace unos meses atrás, una tarde de tener nada que hacer, con el papá de mi hijo empezamos a ver la serie Rebelde Way, quizás con algo de nostalgia, curiosidad por revivir una época que nos remontara a la adolescencia.

La serie fue lanzada en 2002. Trata sobre la vida de un grupo de adolescentes que asisten a un colegio de elite.

Cuan grande fue mi asombro, en vez de ver unos capítulos y aburrirme, como supuse que sería, termine de ver las dos temporadas, casi 500 capitulos.

Rever la serie, que ya había mirado de chica, me dejó atónita. Reproduce escenas y tramas que si se plantearan en una serie filmada en la actualidad la harían inviable.

Ejemplo. En la primer temporada Pablo Bustamente (personificado por el actor Benjamín Rojas) intenta violar a su compañera de curso Marizza Espirito (Camila Bodonaba) en el marco de una fiesta. En otro capítulo Pablo encierra a Marizza en su habitación, traba la puerta, y amaga con violarla, para aleccionar a Marizza, quien previamente le había hecho una broma “pesada”. Entretanto, y a pesar de este tipo de escenas que se repiten entre lxs personajes a lo largo de la serie, Marizza y Pablo viven una historia de “amor”, en la que constantemente se violentan el uno a la otra y viceversa.

Otra de las tramas a destacar en este sentido, trata sobre las relaciones amorosas que el preceptor del colegio, Blass Heredia (interpretado por Pablo Heredia), tenía con diferentes alumnas (chicas que en la serie tenían entre 14 y 15 años). Las escenas son muy subidas de tono, naturalizan totalmente que ese adulto a cargo las sedujera y mantuviera vínculos sexoafectivos con ellas, e incluso en algunas escenas les pegara, las zamarreara, las empujara, para que luego sus amigas lo justificaran a él, por el supuesto mal comportamiento de los personajes de Mía Colucci (Luisana Lopilato) y Sol Rivarola (Inés Palombo).

Este tipo de planteos son recurrentes, y podría mencionar otros más. Ahora, vayamos a la lectura que en mi consideración merece. No voy a ahondar en como este tipo de modelos repercutió negativamente en toda una generación de adolescentes, porque me parece más que elocuente.

Me interesa sí rescatar lo siguiente. Hoy, después de 18 años, repaso esta serie, que en su momento amé y me emocionó, y me parece inaceptable, total y absolutamente inaceptable, y ello me genera un sentimiento de profunda esperanza. Si, esperanza.

Saber que hoy en día sería impensado que una serie dirigida a preadolescentes y adolescentes tenga este tipo de contenidos, da cuenta de lo mucho que hemos avanzado en un lapso de tiempo que para la historia de la humanidad es ínfimo.

¡Cuánto se hizo! ¡Cuánto se logro! ¡Qué rápido avanzamos! Y que lindo, que positivo.

Algunas veces siento que quienes bregamos por los cambios culturales y sociales que consideramos urgentes y necesarios estamos peleando contra molinos de viento, corriendo en una cinta sin avanzar, pero mirar un poquito hacia atrás, hacia no tanto tiempo atrás, y notar este tipo de cosas me renueva las pilas, las ganas de luchar, las esperanzas, son victorias que animan el ímpetu, que afirman las convicciones que flaquean ante la desidia no pocas veces.

Creo que no ha sido poco lo logrado a fuerza de lucha, de deconstrucción, de persistencia. Invito a lxs lectorxs que miren series y programas “viejos”, como “Rompeportones”, “Montaña Rusa”, “Rebelde Way”, las películas de Porcel y Olmedo, y descubran por sí mismxs si les sigue pareciendo gracioso, natural, aceptable lo que oyen y ven.

No vivo con culpa que a mí misma me haya atrapado tanto este tipo de programas y novelas. Yo crecí en un contexto muy distinto, y mi educación fue muy diferente a la que pretendo darle a mi hijo. Desde mi perspectiva no se trata de culpa sino de responsabilidad. Me siento responsable de acompañar los cambios para bien, de promoverlos, de visibilizarlos, primero porque yo misma los disfruto y han redundado en un beneficio para mi vida, y segundo porque así como quienes me precedieron dejaron un mundo mejor, es menester hacer lo propio por las generaciones venideras.

Y en este punto rescato una frase Albert Einstein: “si todo te da igual estás haciendo mal las cuentas”.