Empoderar quiere decir hacer poderosa a una persona o grupo de personas que están en desventaja. Tiene como premisa el poder.

Actualmente está muy de moda hablar sobre empoderamiento femenino. La revolución feminista nos ha abierto muchos espacios… pero… ¿realmente estas conquistas nos han empoderado?

De pronto las publicidades, novelas (ahora llamadas series), cuentos, que nos vendían el modelo de mujer sumisa, dócil, complaciente, nos venden lo contrario, un modelo de mujer todopoderosa y autosuficiente.

El objetivo ha cambiado, ya no aspiramos a ser la buena madre y esposa, pero resulta que nos quitamos ese viejo traje para ponernos el traje de superwoman…

Ahora vendemos y compramos ser la mujer que la rompe en el mercado laboral, que se especializa en lo que hace, que compatibiliza maternidad y vida propia, o – «mejor aun» – elige no ser madre y lo vive como una batalla ganada contra el mandato de la maternidad, que participa activamente en la vida pública, que se gusta y se acepta a sí misma venciendo estereotipos, y que sabe fluir en los nuevos formatos de relaciones sexo afectivas sin hacerse mucho rollo, porque es moderna y deconstruida.

STOP. ¿Cuánto de esto en vez de alivianarnos las históricas cargas nos suma ansiedades y frustraciones? ¿Cuánto de esto nos lleva a compararnos, o se convierte en una zanahoria inalcanzable? ¿Cuánto la careteamos pretendiendo que llegamos a tiempo con todo? ¿Cuánto lo vivenciamos como nuevos mandatos, como nuevas formas de opresión?

¿Fracasé como mujer empoderada si lo que elijo es resignar laburo para quedarme en casa? ¿qué pasa si a pesar de todo el camino de deconstrucción que llevo recorrido sigo sin estar conforme con mi cuerpo? ¿Convertirme en madre es obedecer mandatos? ¿Y si no tengo ganas de seguir estudiando o de sostener este puesto super codiciado pero que me hace tremendamente infeliz, pierdo poder? ¿Soy demasiado «conserva» si no me conforma un «touch and go», o si no me siento cómoda con el poliamor?

Ganesha era una deidad de muchos brazos, pero no somos ganesha, y en serio PODEMOS CON TODO, pero no con todo a la vez.

El empoderamiento también se debe deconstruir.

A mi humilde entender, el verdadero «poder» viene de la mano de saber poner límites, y un buen límite es no comprar todo lo que te vende el sistema a través de las redes de comunicación, porque eso nos lleva a un nivel de autoexigencia que es tóxico para el cuerpo y la mente.

Aflojemos expectativas propias, frenemos, y seamos honestas con nosotras mismas, que al final del día la que acarrea el cuerpo es una.

¡ELEGITE VOS!