La crianza respetuosa es un paradigma que viene a cambiar viejos modelos. Propone, nada más y nada menos, concebir a lxs niñxs como sujetos de derecho y como personas que (como todas las demás) merecen ser tratadxs con respeto.

Esto parece obvio, pero no fue así hasta hace – relativamente – no tanto. Los primeros instrumentos internacionales que reconocieron los derechos de lxs niñxs datan del siglo XX. Previo a ello, lxs niñxs contaban apenas con el derecho a vivir, pero los castigos físicos, psicológicos, el trabajo esclavo, y otras prácticas abominables eran la normalidad de lxs menores.

Con el transcurrir del tiempo, la paulatina modificación de las legislaciones a fin de ampliar el abanico de derechos y garantías que asisten a lxs peques, y el avance de la ciencia que fue aportando diversas evidencias de las consecuencias desfavorables a corto y largo plazo de las precitadas prácticas, fueron conllevando a que la sociedad cambie sus modelos de crianza.

Este largo proceso nos sitúa hoy frente a lo que se conoce como “crianza respetuosa”, que a efectos  de dejar atrás sistemas crueles y obsoletos propone conocer cuál es la naturaleza de los infantes, cuáles son sus necesidades específicas conforme sus tiempos, sus capacidades, sus procesos de crecimiento y desarrollo. En resumen, salirnos de nuestra lógica adultocéntrica – que mide todo con la misma vara – y ponernos a la altura de lxs peques y desde allí encarar su educación.

La crianza respetuosa, en cuanto método, aborda los diferentes “ejes temáticos” a través de los cuales lxs mapadres se vinculan con sus hijxs como límites, apego, alimentación, educación formal, etcétera, y propone, a través de esta nueva mirada de la infancia, maneras más amorosas, respetuosas y asertivas de guiar a nuestrxs chicxs.

La crianza respetuosa no debe ser confundida con una crianza permisiva, libertina, carente de los límites necesarios para proteger a lxs niñxs y su entorno de situaciones que quisierámos evitar, simplemente es una nueva manera de construirlos.

Para lograrlo lxs adultxs debemos hacer mucha autocrítica y revisar mandatos, modelos, estereotipos y expectativas propias. Debemos reconocer qué límite es necesario marcar y con qué cosas podemos ser flexibles. Y de qué manera. Aprender a negociar en definitiva, pero sabiendo resignar en la misma medida en que pedimos colaboración por parte de lxs gurrumixs.

La crianza respetuosa tiene en cuenta las necesidades de adultxs y menores, y busca compatibilizar ambas. Conseguir esa armonía es el norte, en el medio se presentan todo tipo de dificultades, pero el foco debe estar puesto – si nos guiamos por este paradigma – en el día a día, momento a momento.

Sabemos que lxs adultxs cuidadores solemos estar a veces al tope de nuestra paciencia, porque tenemos obligaciones, responsabilidades, días buenos y malos, lo importante es aprender a gestionar este cansancio, agotamiento y hartazgo al menos a la hora de tratar con pequeñxs, que son personas sumamente vulnerables a las palabras que oyen y las sensaciones que experimentan, porque no saben significarlas, contextualizarlas, ni gestionarlas como podríamos hacerlo quienes ya contamos con diversas herramientas para ello.

Y si pasa, y si perdemos la paciencia, y si ya se nos escapó el grito, aprender a disculparnos, que no es señal de debilidad, sino un ejemplo de madurez y humildad, que enseña que como humanxs, falibles.

No queremos hijxs que nos teman, queremos hijxs que nos respeten, y para eso primero debemos respetarlxs nosotrxs a ellxs.

La crianza respetuosa es un proceso compartido entre adultxs y niñxs en el cual no hay premios y castigos sino explicaciones y “porqués”, donde no existen los golpes ni los insultos sino el contar hasta diez, donde los juguetes son entendidos como  herramientas y los juegos son un método para aprender, donde los berrinches se saben una etapa inevitable que hay que aprender a acompañar y sostener, donde no hay “no porque no, ni si porque si”, donde no se invalidan las sensaciones displacenteras diciendo que “no paso nada” sino que se enseña a reconocerlas y transitarlas con un “sana sana”…

Si queremos formar adultxs libres y fuertes debemos enseñar a los pequeñxs a no conformarse sin una explicación, a ser tratadxs con respeto, y que esto es muy importante, para que puedan tratar con respeto a lxs demás, a que no hay emociones prohibidas, porque todas, incluso las que se catalogan como “feas”, son parte de nuestra humana experiencia en este planeta, y aunque no les hagamos caso, están, y si queremos convivir sanamente con ellas debemos reconocerlas y lidiar con ellas.

Enseñémosle el valor de ser ellxs mismxs, que son únicxs e irrepetibles, y que no tienen que parecerse a nadie más, porque así también les enseñaremos el valor que tiene la diversidad y la diferencia que vemos en lxs otrxs, haciendo de este un mundo más inclusivo.

Expliquémosles por qué les negamos algunas cuestiones, o por qué les insistimos en otras, démosle razones, aunque parezca que no entienden, lo hacen, lo harán, pero al hacerlo, preguntémosnos nosotrxs mismxs si realmente es necesaria esa exigencia.

La regla de oro, tratar al otro como quisiéramos que nos traten, nada más simple, nada más complejo.