El 8M las mujeres paramos. Paramos porque nos siguen matando, porque mas allá de los esfuerzos seguimos encontrando un  techo de cristal sobre nuestras cabezas, porque la brecha salarial sigue siendo evidente, porque el trabajo doméstico y la verdadera corresponsabilidad en los cuidados no son la regla en las parejas heterosexuales, porque el acceso al poder sigue siendo un  espejismo.

En todo caso si algo hay para “celebrar” este día, es el hecho de encontrarnos mas unidas, mas sororas, mas conscientes y deconstruidas cada día, es el hecho que sin dudas esta lucha que aún no cesa está avanzando hacia ese norte en común que nos hemos propuesto.

En tiempos de lucha, de desromantizar y empoderarse, en el “día internacional de las mujeres” no espero flores ni bombones.

Pero hoy sí, además de marchar, difundir, visibilizar y reflexionar, voy a trabajar profundamente en mí, porque el cambio empieza siempre desde adentro, y voy a hacerme un autorregalo.

Las mujeres hemos sido programadas para buscar la aceptación, para filtrarnos a través de la culpa, para poner a quien sea por delante y dejarnos a lo último.

Anteponemos hijxs, parejas, amigas, familiares, quehaceres, obligaciones, expectativas, mandatos, horarios ¡uf! Y en el medio nos perdemos.

A vos mujer te pregunto algo que alguna vez mi querida Silvia me preguntó para abrirme el panorama, ¿Cuáles son tus sueños, tus anhelos? Hablo de esos que te tienen como protagonista de verdad.

¿Cuándo fue la última vez que fuiste feliz? no a través de la felicidad de otro, sino por vos misma.

¿Te preguntas de vez en cuando quién sos? ¿Podes definirte más allá de los roles que ocupas?

Estamos tan chipeadas para ser productivas en los roles socialmente asignados, que puedo apostar que a más de una de las que está leyendo estas líneas le ha pasado, y más de una vez, encontrar un momento en el que podían elegir entre tirarse a mirar tele o ponerse al día con X «tarea», y eligieron lo segundo. Así de mucho nos cuesta priorizarnos a las mujeres.

No escapa al conocimiento de nadie que estamos en deconstrucción diariamente. Que todavía, a diario, se activan en nuestro interior dispositivos que el patriarcado ha puesto allí muy sutilmente.

¿Te sentiste egoísta por reclamar tus espacios? ¿Te sentiste egocéntrica por reconocer y defender tus propios méritos? Esos que se invisibilizan o desmerecen… ¿Qué esperas para reclamar ese ascenso que te mereces? ¿Sentiste culpa por imponerte, por decir lo que pensas, por cantar las verdades a quienes se extralimitaron con vos? ¿Todavía juegan dentro tuyo el rol de cuidadora, conciliadora, suave, dulce, prudente, humildísima?

Este 8M me quiero regalar a mí misma liviandad. 

Si, liviandad.

Quiero andar más liviana de tener mambos por no haber cumplido las expectativas de otres, más liviana de los juicios, acusaciones y prejuicios ajenos.

Quiero elegir LIBREMENTE lo que de verdad quiero hacer, con quién y cómo lo quiero hacer, sin dar explicaciones ni sentir que las debo.

Reclamar mis espacios, mis lugares, el mérito por mis logros sin falsas modestias ni eufemismos, sin recoger el guante de soberbia que se nos pone a las mujeres que nos plantamos. Saber lo que valgo y no apenarme de vestirme con esa valía y que se me note por todas partes.

Me quiero autorregalar la capacidad de reconocer mis fallas humanas, trabajar en mejorarlas y perdonarme también, sobre todo perdonarme, no ser tan dura conmigo misma, no ponerme la vara tan alta.

Ninguna de nosotras necesita ser perfecta. Ninguna de nosotras puede serlo. Ni la compañera perfecta, ni la esposa perfecta, ni la hija, ni la madre, ni la amiga, ni la estudiante, ni la trabajadora perfecta.

Voy a obsequiarme una nota mental que me haga tener presente que ante los demás da igual lo que hagamos, en serio, las personas siempre se quedarán con su propio reflejo, y no somos eso. 

No estamos definidas por lo externo. Somos las veces que nos levantamos solitas porque nadie nos vio tiradas, las veces que sacamos valor de donde nos lo quitaron para luchar por lo que conseguimos, el tiempo que dedicamos a crecer, la huella que dejamos a cada paso hacia nuestros sueños, lo que sentimos ante la injusticia, y lo que hacemos con ello, nuestro impulso creativo, y todo lo que cuestionamos y revisamos constantemente porque sentimos que está mal. También somos todo aquello que queríamos y no fue, porque de eso aprendimos. 

Hoy me regalo aplomo, liviandad, libertad, reconocimiento, compasión, empatía, perdón, amor, esperanzas, y ganas, muchas muchas ganas de avanzar.

Y vos ¿que te vas a regalar en tu día?