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Las madres no son de otro planeta

Carolina Belloni

Llega octubre, en Argentina este mes se celebra el Día de la Madre, y como ya es costumbre, acá aparezco yo con mis matetes existenciales.

Octubre llega abrumado de ofertas y promociones “para regalar a mamá en su día”, a esos “seres maravillosos que nos dan la vida”… y un montón de otras frases hechas que están ahí manipulándonos para que sigamos consumiendo indiscriminadamente,

No me voy a detener en esa repetida postura de que los “días de” son fechas comerciales, porque son pocas las personas que sostienen que el día de la madre es una fecha comercial (cosa que si aseveran en días del niño, de los enamorados e incluso en navidad). El día de la madre nunca es puesto en tela de juicio, se celebra porque “ellas se lo merecen” y punto.

No quiero ser aguafiestas, a mí me gusta festejar el día de la madre porque me tocó una mamá que también me gusta. Hoy no voy a hablar puntualmente de ella, porque tuve la fortuna de su presencia en mi vida y ella no solo es mi, pilar sino que es un ser excepcional que ojalá todas pudieran conocer. 

Pero (siempre hay un pero), en este recorrido de revisiones y reflexiones que transito desde hace un tiempo me asaltan preguntas que, en fechas como éstas, intento responder (me) para desandar caminos colectivos.

¿Qué pasa cuando la mamá que te toca no es esa mujer fantástica y mágica que aparece en las publicidades y en los manuales de lengua? ¿Qué pasa cuando el “mi mamá me ama, mi mamá me mima” no son afirmaciones certeras? ¿Qué pasa cuando mamá no está, o lastima o no acompaña?

Las madres no son seres de otro planeta, son de éste, son personas como nosotras, que sienten, que sufren, que aman, que odian. Hay mamás malas, (que no es lo mismo que malas madres -concepto que vamos a desarmar en otro momento) son PER-SO-NAS, tienen defectos, cometen errores, lastiman, abandonan y tener hijos no las convierte automáticamente en santas.

Quizás plantearnos esta realidad tan dolorosa podría ayudar a sanar las heridas que algunas mamás dejan en su paso por nuestras vidas, ojalá.

Desromantizar los vínculos familiares en general ayuda a sanar. No todas las mamás cuidan, no todos los hermanos son unidos, no todas las tías acompañan, no todas las abuelas malcrían. Es necesario salir de vínculos que hieren, aunque ese vínculo sea con quién te dió la vida.

Si, lo digo yo desde el privilegio de haber crecido en un hogar sostenido por una mujer de esas que están en los libros de cuentos, pero intento que mis palabras aquí sirvan para decirle a esa compañera que está envuelta en un espiral violento, intentando sostener el modelo ideal de familia, aguantando, remando relaciones, que se puede ir de ahí, que puede salir, que las madres son personas y que no todas las personas hacen bien.

Qué difícil es escribir estas reflexiones en el “mes de las madres”, tenemos grabadas en la retina toneladas de imágenes de mujeres abnegadas, perfectas, estoicas, listas para darnos todo el amor del mundo y esas construcciones hay que humanizarlas. Qué difícil es pensar que no todas tienen el privilegio de una madre amorosa, qué difícil es decirle a alguien que salga de un lugar al que quizás no pueda regresar jamás.

Para mí mi mamá es un lugar seguro, es ese universo adonde sé que, pase lo que pase afuera, adentro voy a estar bien. Mi vieja me enseñó a amarla y a honrarla porque ella lo ha hecho conmigo y con mis hermanas. Pero no todas las madres son un lugar seguro y cuando un lugar no nos da seguridad hay que encontrar la manera de alejarse de ahí. 

El Día de la Madre se celebra la vida, la de ellas y la nuestra. Ojalá todas podamos festejar abrazadas a esta conciencia que se forja día a día, ojalá podamos sanar vínculos, ojalá podamos decidir con el corazón donde queremos estar, ojalá podamos escapar de esos modelos inalcanzables de familia que nos impusieron siempre… 

Ojalá que el mes de la madre sirva para recordarnos que somos semillas lanzadas al mundo y que solo de nosotras (solas o acompañadas) depende florecer.

Eso nomás quería decir ¡Salud!

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