Por María Emilia Martinez

Nadie culpa al portador de una enfermedad, no somos capaces de decirle al hipertenso o al que padece cáncer “che esto fue tu culpa, cómo no cuidaste tu cuerpo, cómo no podes hacer las cosas un poco mejor, es tu salud”. Estaríamos fuera de foco si pensamos en castigar a una persona que sufre o que de alguna manera sabe que algo no está bien.

Ahora,¿qué pasa con el sobrepeso y la obesidad? Culpamos siempre al portador, no me digan que jamás escucharon o hicieron comentarios como “no deja de comer porque no quiere” “se dejó estar, no le importa” “es simple, cierra la boca y listo”.

No los culpo sólo a ustedes, yo no nací nutricionista, yo estuve del lado del que condena y también fui condenada. Ahora pienso y actúo diferente o al menos trato de pensarlo dos veces, porque mi trabajo me enseñó que estoy para ayudar al que está listo para el cambio, y que no soy quien para ir haciendo afirmaciones sobre el cuerpo o la vida de una persona, que no pidió mi opinión.

Condenamos una patología, todos los días, en las redes sociales, en la calle, con lo que decimos, con los gestos y las miradas. Pedimos a una persona que deje de estar enfermo, simplemente porque creemos que es tan sencillo como hacer el click. Cambiar no es fácil, es un proceso. Muchas enfermedades van por dentro y nadie las ve, entonces podemos decidir cómo y cuándo empezar a tratarlas sin que nadie se entere. La obesidad te expone, le muestra a la gente que hay algo con lo que todavía no podés lidiar, deja que la sociedad te mire y defina cómo tenés que actuar.

Para poder parar de actuar como el resto, hay que informarse. La obesidad, es un síndrome multifactorial, donde no sólo lo que comemos influye, sino también un factor psico-social, puede haber un componente genético y el sedentarismo, que sigue creciendo. Todos estos componentes, desencadenan una enfermedad crónica que puede despertar otros problemas de salud como la hipertensión, el hígado graso, la diabetes tipo 2, enfermedades cardíacas, etc. Todas estas consecuencias mencionadas, no son específicas de la obesidad, pueden ser desarrolladas por una persona de composición corporal óptima pero estudios demuestran que cuando hay cierto grado de sobrepeso tenemos más chances de padecerlas. Ahora, ya sabemos que es grave y que no simplemente es la apariencia física de una persona.

¿Qué quiero que les quede de esta nota? que tenemos que dejar de percibir la obesidad como si fuera algo que está mal, como si una persona por tener sobrepeso dejará sus características de ser humano. Si nosotros cambiamos nuestra postura, sería más fácil para alguien que no tiene un cuerpo hegemónico, dejar de esconderse y empezar el cambio.

Siempre voy a defender la actividad física como uno de los ejes principales para mejorar la salud tanto física como mental. Conozco personas que tienen sobrepeso y aman la actividad, pero les da vergüenza sumarse a un grupo al aire libre, ir a un gimnasio, hacer danza o lo que realmente sienten que quieren hacer con su cuerpo por como se ven estéticamente.

Si queres ayudar a alguien a mejorar su salud, no le digas qué tiene que hacer, eso ya lo tiene sumamente claro, desde un familiar hasta un desconocido se ocupó de remarcarselo “por su bien”.

Acompañarlo durante el proceso, cuando los miedos aparecen, ir a su ritmo de cambio, no juzgarlo, ahí tenemos que estar.