Divagando un poco por este mundo de las redes sociales nos topamos a diario con las nuevas formas de “humor”, los memes, son imágenes graciosas (?) de procedencia desconocida, acompañadas de textos irónicos o bromistas que nos presentan temas actuales. Los hay de política, de economía, de opinión: hoy todo es “memeable” y es, a través de este recurso, como un tema serio se puede convertir de un momento a otro en un chiste viralizable en redes.

Algunas de estas, vamos a llamarles herramientas comunicacionales, esconden cuestiones más profundas y disfrazan, en el fondo, fobias, odios y burlas bastante más densas de lo que podemos ver en una lectura superficial. Por ello cuando una de estas imágenes nos llega al móvil generalmente la compartimos o la descartamos sin mayores reflexiones desencadenando a veces la difusión de ideas que no están del todo buenas.

Ahora bien, todo esto es para introducirnos en lo que realmente importa, Mirtha Legrand (inserte aquí el emoji que más le guste).

Si, Mirtha Legrand. Al parecer la señora despierta la creatividad en los hacedores de contenido memeable (que palabra rara) y se proyecta como la protagonista de un sinnúmero de “contenido” en los que la mayoría hace alusión a su edad. Podemos profundizar aquí sobre la gerontofobia, el edadismo o el viejismo, pero vamos a darle el beneficio de la duda a los memes y creer que estos contenidos se hacen sin ánimos de ofender. Ingenuidad al 100%, la mía.

Encontré muchísimos memes sobre Mirtha, pero uno me llamó la atención y me empujó amistosamente a la reflexión, dice así: Cuidemos el planeta, pensemos qué mundo le vamos a dejar a Mirtha Legrand. Woowww, que confuso este mensaje ¿no?

Reparo en lo que significa esto y pienso realmente en qué mundo le estamos dejando a la señora y a todas y todos les Mirthes Legrandes que hay. Estoy abrumada.

Dicen que los jóvenes son el futuro, frases hechas si las hay, pero los adultos mayores (como es políticamente correcto llamarles) también son el futuro, todos vamos hacia allá y parece que nadie se hace cargo de esto.

Retomo lo de decidir qué mundo le vamos a dejar a les Mirthes. Pienso en las plazas, con esos bancos de cemento súper “confortables”, sin sombras, pienso en la falta de lugares de actividad física fuera de consultorios de kinesiología y clubes de abuelos (no quiero ahondar en el detalle de que muchos no son abuelos de nadie). Pienso en la accesibilidad a todo, pienso en las filas de los bancos ¿exclusivas? Recalculo, me detengo en los tiempos, ¿en qué momento comenzamos a ser adultos mayores? Porque mi vieja tiene 80 años y es más activa que yo. No sé ni por dónde empezar a pensar en esto que me disparó a quemarropa aquel meme.

Según menciona la página de la OMS, entre el 2015 y el 2050, la población de 60 años en adelante pasará de 900 millones a 2000 millones, también aporta un montón de datos más sobre envejecimiento demográfico y cosas así que no hacen más que llevarme de nuevo a lo que más importa: Mirtha y les Mirthes. Pensar en políticas públicas, pensar en contención y acompañamiento, pensar en agenda ¿estarán Mirtha y les Mirthes en la agenda? Tengo muchas dudas. Pero voy anotando: Contener y Acompañar.

Me asaltan las emociones al proyectar que yo seré una Mirtha en algún momento, si llego a esa edad claro, y en que quizás esté destinada a sentarme a jugar al bingo o a la canasta con mis amigues. Me doy cuenta que no sé jugar a la canasta ¿tendría que ir aprendiendo?

Todo esto que me ronda me noquea, porque pienso también en los dolores (no los de cuerpo), esos dolores que vienen de sentirse fuera de todo, como sobrando. Sé, por haber trabajado con grupos del “club de abuelos” que mucha gente cuando se encuentra fuera del “circuito productivo” se siente así, doliente, y necesitamos hacer algo para que eso no pase más. Es menester que la inclusión sea palpable, visible, vivible, es menester que sea real.

No quiero caer en el lugar común del reclamo, en la incinerada que se hace de la palabra inclusión hasta casi vaciarla de sentido. Quiero pensar en lo más chiquito primero. Un mundo donde las mentes brillantes dejen de inventar apps de acceso a lugares donde la gente no quiere acceder, y no hablo de lugares físicos, porque allí la accesibilidad falla en la mayoría de los espacios. Hablo de un lugar donde todes nos pensemos Mirthes y empecemos a mover el… mundo.

Es urgente pensar en espacios para quienes en un momento fueron el futuro del país y que hoy todavía lo son, que merecen ser libres, realizar sueños y desear. Repito, es urgente.

A les Mirthes el tiempo les sobra pero no lo van a desperdiciar, la vida ya les enseñó esa parte. También les sobran las ganas y las ideas, quizás el mundo sea mejor si nos detenemos a escucharlos y preguntarles qué podemos hacer por ellos en vez de querer inventar la pólvora (que ya esta inventada). Anoto: Escuchar y preguntar.

Mi mamá siempre dice que le gustaría una cancha de tejo en el Parque Paraguayo (teléfono para el Ministerio de Deportes), o algún lugar donde pasar el rato con actividades acordes a los requerimientos de la edad, pero como las opciones son escasas ella se autogestiona actividades de todo tipo para no aburrirse, y claro está, no quedarse un minuto quieta. Mi vieja es especial, pero ella también es una Mirtha que merece un mundo que la mire y la acompañe a ser. Anoto: Acompañar a ser.

Es momento de revisar qué estamos haciendo con les Mirthes que tenemos cerca, porque reitero, todes vamos hacia allá. Leo esto que escribo y suena a que es algo que lo deberían resolver otres, pero no, tengo que involucrarme, porque quiero compartir con mi vieja todo: paisajes, lugares y espacios. Quiero compartir la igualdad, los derechos, la vida y la lucha. Anoto: Son parte de la lucha, vienen siendo desde siempre.

Deseo, y todo es culpa de aquel meme, que pensemos en les Mirthes de todos los tiempos, porque si tenemos la fortuna de llegar, espero que en ese momento nos encontremos con “el mundo” que hoy decidimos dejarle a Mirtha Legrand.