Hablar de salud sexual es un hecho de transgresión social, médico y cultural – sexológico inclusive- hasta para quienes nos formamos en esta joven disciplina que tanto ruido hace y que ha sido objeto de mala prensa por décadas.

Aun hoy recuerdo uno de los primeros días de cursada cuando consultamos donde se encontraba la toilette al guardia de la universidad y jocosamente nos respondió:

”… damas izquierda, caballeros derecha, aunque seguro ustedes se van a meter todos juntos…”. Sexo un tema del que todos hacen bromas por su incapacidad de atravesarlo por su adultez.

Es así que sacamos a la sexualidad una vez más del closet y elegimos hablar de salud sexual, que de acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud es “la experiencia del proceso permanente de consecución de bienestar físico, psicológico y sociocultural relacionado con la sexualidad … para que la salud sexual se logre y se mantenga, los derechos sexuales de todas las personas deben ser respetados, protegidos y ejercidos en plenitud”.

Resulta así evidente que hablamos de sexo como fuente de placer, como parte de la calidad de vida, como un derecho indisoluble de las demás patas de la salud, como esfera básica en el bienestar del individuo. La Organzacion Mudial de la salud recalca al respecto que cuando hablamos de derechos sexuales nos referimos a derechos humanos ya abordados en muchisimos tratados. La necesidad de la aclaracion hace evidente como ciertos sectores aun intentan omitir la sexualidad como parte de la vida o mencionarla con meros fines reproductivos.

Es por ello que entre tanto intento por confundir y en honor a la profesion he escojido, y me veo obligada, a enumerar los derechos, ya que como siempre digo la informacion es poder.

Salud sexual incluye:

– El derecho a la vida, la libertad, la autonomia y seguridad de la persona.

– El derecho a la igualdad y a la no discriminacion.

-El derecho a no ser sometidx a torturas, ni a tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes.

– El derecho a la privacidad.

– El derecho al mas alto nivel de salud (incluídas la salud sexual y la seguridad social).

– El derecho a formar una familia y casarse con el consentimiento libre y pleno de lxs conyugues, igualdad en la disolucion del matrimonio.

– El derecho a elegir el numero y espaciamiento de los hijxs.

– El derecho a la informacion asi como a la edcacion.

– El derecho a la libertad de opnión y expresión.

– El derecho a un recurso efectivo para las violaciones de los derechos fundamentales.

Es en este marco donde planteo referirnos a la salud sexual desprovisto de ideas patognomónicas, hegemónicas, que inviten al binarismo, a la estereotipación de conductas, ligado a las nociones de normal y patológico (ya que se encuentran claramente definidos los límites etico-legales). Sería solo en este contexto posible intentar de educacar la líbido que, como tal, es cuasi indómita y creativa.

Si entendemos lo antedicho podriamos garantizar, en alguna medida, a la población tópicos lógicos que aún no se encuentran naturalizados como tal como ser el enfoque holístico con respecto a la sexualidad, la relación saludable entre salud sexual y salud reproductiva evitando pensamientos lineales y obtusos. El respeto, la proteccion y el cumplimiento de los derechos humanos, la multiplicidad de necesidades a lo largo de la vida, etnias, religiones, cromosomas, clichés y géneros.

Es desde este concepto madre que considero podemos acercarnos a la sexualidad propia y de los otrxs de un modo más amable, respetuoso, empático, sinérgico y, ante todo, humano, ya que podríamos plantearnos diversas sexualidades o tambien una sola: «la sexualidad humana».

Lic. Pamela Wimer

Psicologa MP 213

Sexologa – Esp. en Salud Sexual y Reproductiva

Especialista en Infertilidad