Hace unos días me invitaron a participar en un programa de radio, después de acordar algunos temas sobre los que íbamos a charlar me preguntaron cómo me gustaría que me presentaran en la publicidad, Ohh nooo!

Para algunas personas definirse no es más que una simple enumeración de virtudes y destrezas, casi como una lista de supermercado que les permite adaptarse, algo así como armarse un personaje acorde al libreto en cuestión. ¿Está mal? Para nada, confieso que a veces siento algo de envidia cuando me encuentro con gente que lo hace espontáneamente.

Como de costumbre todo lo que sucede a mí alrededor me dispara reflexiones y dudas: Soy una dudadora serial -bueno, se ve que no me resulta tan difícil definirme al fin de cuentas-.

Nos encontramos un día con que tenemos la misión de definirnos.

A mí me gusta pensar que somos una cajita de sorpresas, como un baúl de tesoros o una valija de viajes – parece que al final soy buena definiéndome(nos). Tenemos, a lo largo de la vida, un montón de ítems tildados de esa lista de virtudes y destrezas… y deberíamos sumarle los detalles imperfectos como para no mentir tanto en este currículum que estamos armando.

Vuelvo a lo de la cajita o valija (o mochila)… tenemos opciones. En cada lugar que habito decido qué voy a sacar de ella: Soy la segunda hija para mis padres, soy hermana, soy tía para mis sobrinxs, amiga para mis amigxs, soy fotógrafa, soy profesora, soy estudiante, soy comunicadora, soy escritora (bueno, escribo), soy chinchuda, soy feminista, soy de Boca, soy de Argentina cuando juega a cualquier cosa… y cada vez que pienso la lista se hace más larga.

El ejercicio es el siguiente: de pronto están en un atril frente a una multitud, nadie lxs conoce, tienen que definirse en tres palabras, solo tres y se pueden ir.

¡Piensen rápido! Lo primero que se les viene a la cabeza. ¿Qué o Quiénes son?

1.-

2.-

3.-

¿Se dieron cuenta? Cuándo buscamos definirnos lo primero en lo que pensamos es en lo que somos buenos, en lo que nos especializamos o en lo que nos ocupamos. Empezamos a mostrarnos por el lado que nos da seguridad o que nos da orgullo: soy profesional, soy madre/padre, soy especialista…

Por supuesto que si estoy en una entrevista laboral no voy a decir de entrada que soy Bostera, porque no tiene nada que ver con el contexto y por las dudas me toque del otro lado alguien que no mira futbol o peor… ¡que sea de river!

Es cierto que para cada situación sacamos de la cajita mágica algo que nos permite pertenecer o encajar… o no, a veces sacamos cosas que nos permiten alejarnos, dividirnos, ser distintxs.

Lo que nunca sacamos a priori es lo que sentimos y que también nos define ¿Adónde guardamos el “soy feliz” y el “soy triste”?  ¿Adónde dejamos el “somos lo que sentimos”? porque si bien no es muy marketinero yo creo que saber eso es indispensable para conocer a una persona (además acá no estamos vendiendo nada).

Ahora volvamos a la lista mental que hicimos antes, yo no leo sus respuestas… nadie las lee porque son mentales y así y todo a la hora de definirnos probablemente ningunx de nosotrxs haya empezado la lista con un “soy una persona”, y no sólo eso, por alguna razón ni siquiera mencionamos estos detalles que nos convierte en personas: los SENTIRES.

Yo soy el amor de mi familia, soy la alegría de mi perro, soy la amistad de mis amigxs, soy la huerta de mi jardín, soy la cooperación de mis compañeros, yo soy la reflexión de mis notas y las dudas que les dejo, yo soy mucho más pero y uds. ¿Quiénes son? No nos gusta que nos obliguen a definirnos, a veces nos incomoda, la mayoría de nosotrxs se sintió interpeladx por el ejercicio y quizá hay quienes ni siquiera lo hicieron