En la última nota que escribí para Henryka (https://magazinehenryka.com/mujeres-siglo-xxi/quien-crees-que-sos/) busqué reflexionar sobre  lo complejo que nos resulta definirnos a nosotros mismos frente a los demás. Mi intensión fue generar algo de incomodidad y poner en práctica un ejercicio que nos permitiera reconocernos con nuestras virtudes, nuestros defectos, nuestras experiencias y nuestra forma de sentir.

Definirnos nos permite encajar (o no) en estructuras sociales específicas y eso es parte de vivir en comunidad, adoptamos roles dependiendo del contexto y nos acomodamos (o no) a comportamientos más o menos preestablecidos para cada uno de ellos.

Mirando alrededor me doy cuenta que colocarnos una etiqueta no siempre es un requisito indispensable para interactuar en ciertos espacios (o no debería serlo por lo menos)  pero aun así la sociedad nos obliga de alguna manera y esto me genera una gran inquietud.

¿Acaso es necesario etiquetarse para poder ser parte de esta vida en comunidad? Claro que no, pero entonces ¿por qué vamos por el mundo pidiéndole a los demás detalles de su existencia que no son necesarios para desenvolverse en algunos espacios?

Mi ejemplo es naif. Recuerdo hace un tiempo haber concurrido a una entrevista laboral, el encargado de la selección me recibió muy amablemente y me comentó que estaban buscando alguien con mi perfil. Luego de todo el ritual comenzó a preguntarme cuestiones generales, dónde estudiaba, cómo estaba conformada mi familia, si tenía planeado tener hijos… Sr. ¿qué le importa? – Pensé. Dije que no estaba en mis planes y la entrevista siguió su curso, yo sabía que a cierta edad muchas mujeres quedamos fuera del mercado laboral por la “posibilidad” de ser madres, somos vistas como bombas de tiempo.

Luego aquel hombre me preguntó con quien vivía y yo respondí orgullosa que vivía con mi mamá, mi papá y mis tres hermanas… el gesto que hizo fue de desaprobación absoluta. ¡Chaaan! ¿Y ahora que dije?

Por alguna extraña razón la categoría de “vivir con la familia” era otra señal de alarma, tiempo después entendería que al parecer las personas que vivimos con nuestros padres somos más propensas a abandonar trabajos ya que la estabilidad económica del hogar no depende de nosotras y eso nos da la posibilidad de renunciar si no estamos conformes.

Yo creo que irnos de un lugar donde no estamos conformes es un derecho humano.

La sensación de ser excluida fue instantánea (de pronto oficialmente era una bomba de tiempo con dos mechas), dejó mi cv a un lado y después de un poco de “sarasa” me despidió muy amablemente con un “te vamos a estar llamando”. Me fui.

En aquel momento me dolió sentir cómo (sin desacreditar los métodos de evaluación  psicológica de nadie) un señor detrás de un escritorio escrutando mi armoniosa y equilibrada forma de vida decidía casi al instante que yo no era apta para el puesto.

¡Qué sensación amarga! ¡Qué bronca!

Hoy entiendo que para algunas cuestiones las etiquetas son una herramienta funcional y válida ya que ordena, establece roles y delimita los espacios que habitamos, pero sigo sin comprender por qué las personas insistimos todos los días en colocarle a los otros una especie de cartel luminoso cuando ni siquiera es necesario, o cuando encenderlo no nos modifica absolutamente nada de nuestra dinámica diaria ¡cómo nos gusta joder al prójimo!

Después de un tiempo recordando este hecho me puse a pensar en las situaciones gravísimas de exclusión por las que deben pasar algunas personas por el solo hecho de no encajar en los patrones hétero-normativos y/o en los estándares de belleza hegemónica. No quiero ni mencionar las etiquetas que tienen que ver con la identidad de género porque me dan ganas de romper todo.

Sigue habiendo en nuestro mundo personas excluidas por tener dentro de su cajita del “quien soy” alguna definición que se sale de la “norma”, por tanto el ejercicio que les propongo hoy es poner dentro de nuestra propia cajita la empatía (y de paso sacar de ahí la maquinita rotuladora y las formulitas mágicas para clasificar gente) porque al fin de cuentas eso también nos define.