¿Por qué no se va?, “le gusta que le pegue”, “la ayudé un montón  y terminó volviendo con el tipo” son solo algunas de las frases que solemos escuchar vinculadas a la violencia de género, notoriamente basadas en un sentido común patriarcal, carentes de empatía y comprensión de ésta problemática que es compleja y de abordaje complejo.

Para adentrarnos en comprenderla, es necesario advertir que el patriarcado no es solo un concepto teórico desprendido de la realidad. Mas bien, se trata de una pedagogía afectiva que nos hace sentir de determinadas maneras, que moldea la forma como interpretamos al mundo y las cosas que nos suceden.

En ese sentido quisiera compartir algunos de los elementos sociales y culturales que intervienen en las decisiones personales frente a la violencia de género;

  • La sociedad machista hace pensar que las mujeres que sufren violencia de género son responsables de la misma en los ya conocidos (pero reiterados) procesos de culpabilización y revictimización.
  • Las nociones construidas sobre el amor romántico suelen favorecer la perpetuación de la relación violenta ya que sostienen que “el amor todo lo puede”, “el amor todo lo soporta”, “el amor todo lo perdona” y que nuestra pareja sería quien nos complete y realices plenamente.  
  • En nuestra cultura, la soledad es un espacio de desprestigio para las mujeres generando el conocido “temor a estar solas”, “es muy exigente”, “va a quedar para tía”, “solterona” entre otros adjetivos que si pasamos al masculino son vistos de manera positiva.

Esta reflexión adviene porque inclusive mujeres con niveles educativo altos permanecen en relaciones violentas (la educación y la información son fundamentales para la liberación), pero la cuestión cultural cala profundamente, la colonización patriarcal sucede en gran medida en lo emocional, afectivo y vivencial y no solamente en lo conceptual (que son los que accedemos por medios informativos).

Creo que la psicología feminista tiene un rol fundamental en desandar esos procesos de colonización emocional que fue ganando proporciones exacerbadas a lo largo del tiempo y por ello no se resuelve solo con brindar información en algunos casos. Es necesario apoyo, comprensión y un Estado presente que comprenda la complejidad de la problemática.  

Por ello, si estás viviendo una relación toxica o violenta y aunque puedas identificarla, te cuesta ponerle un punto final, no te culpes.

Buscá apoyo en tu entorno y, si es posible, terapia. Recordá que fuimos entrenadas toda la vida para permanecer, callar y soportar. Respetá tus tiempos y pedí ayuda.

En Misiones podes llamar a la línea 137 las 24 hs del día, todos los días del año. (También podes escribir al 3764 249224).