Por Ángela Ferreira

Como bien lo dijo Simone de Beauvoir “No se puede escribir con indiferencia” y es por ello que quiero arrancar planteando mi postura “abolicionista” que viene siendo denominada “radical” en los paralelismos de los posicionamientos ideológicos sobre algunos temas que van reapareciendo en escena (subrogación de vientres, prostitución), nada nuevos,  pero complejos y que traen a colación el entramado de los efectos perversos de la conjunción “patriarcado y capitalismo” profundizados vía neoliberalismo en casi todo el mundo.

Para mí, ser feminista es ser anticapitalista, no se pueden erradicar las desigualdades de género sin combatir el sistema que alimenta a todas las desigualdades sociales. Reitero, seria al menos contradictorio posicionarme en contra del sistema que oprime a las mujeres, las infancias y las disidencias ignorando al sistema capitalista.

En palabras de Estela Díaz “sin justicia social, no hay igualdad de género, y sin igualdad de género, tampoco hay justicia social”.

La supuesta división entre feministas radicales (estigma de extremistas, las rompe todo) y las feministas liberas (no cuestionan al capitalismo y los concursos de belleza les parecen cool), han venido configurando la brecha entre lo que se considera “las feministas buenas y las feministas malas, las que  representan y las que no”.

Claramente esas divisiones y fragmentaciones sociales polarizadas no son casuales, por el contrario representan los intereses de las resistencias a las transformaciones sociales y culturales, creando estigmas, estereotipos y retrasando los procesos de cambios o perpetuando las relaciones de poder y opresión existentes.

¿Cómo el patriarcado y el capitalismo refuerzan en forma conjunta la opresión de las mujeres?

Si bien el patriarcado precede al capitalismo, en este último la dominación masculina no se reduce a una suma de discriminaciones, sino a un sistema coherente que afecta a todos los ámbitos de la vida colectiva y cultural (Denise Comanne):

Las mujeres están “sobreexplotadas” en su lugar de trabajo y ejercen, además, largas horas de trabajo doméstico, aunque éstas no tengan el mismo estatus que las horas de trabajo asalariado. Esa inequidad responde al orden social fundado en la división sexual del trabajo.

– Se naturaliza la construcción del cuerpo de las mujeres como cualquier otro bien de consumo “la cosificación” basándose en las nociones de inferioridad, en la cual además, debemos esforzarnos para estar dentro de los parámetros requeridos.

– La explotación sexual mediante prostitución y redes de trata.

– La explotación reproductiva a través de la subrogación de vientres, en la que las mujeres pobres ponen el cuerpo para engendrar y dar vida hijes no propios (encubar).

En palabras de Denise Comanne: “Si no hay luchas, el discurso de naturalización puede ser muy bien interiorizado por los oprimidos” donde las divisiones y fragmentaciones entre lxs oprimidos no son inocentes, “mujeres de bien y de mal”, “brujas y santas”, como los procesos de pobres contra pobres, “el vago que corta la ruta y yo solo quiero trabajar”, “los planeros”,el pobre es pobre porque quiere”, etc.

Tanto lo hemos interiorizado que de seguido escuchamos personas defendiendo al campo, a lxs terratenientes, sin ser dueños de ningún medio de producción, teniendo que trabajar diariamente para pagar cuentas a fin de mes y así sucesivamente (obrerx) o incluso desocupadx (ejercito reserva).

Nos han vendido la idea de que solo se trata del esfuerzo de cada unx “meritocracia” y que para conseguir riqueza basta desearlo y trabajar duro. Para aclarar el panorama; ricxs son las personas que acumulan riquezas, en su mayoría heredada, para esas personas el capitalismo sí tiene sentido.

En fin, si sos propietarix de un minifundio, una chacrita o un negocio pequeño que te permitió inclusive mejorar tu calidad de vida, NO SOS EL CAMPO, salvo que hayas podido acumular riquezas como para que vos y tus hijos ya no trabajen de por vida.

Del mismo modo que, al comprenderse feminista, el abolicionismo y el anti-capitalismo vienen incluidos.