Por Ángela Ferreira

Estar al frente de su tiempo no es tarea sencilla para ningune, no lo fue para quienes abrieron caminos en la historia por la conquista de derechos. Pero aportar a construir cotidianamente una sociedad más justa y equitativa es saber que se abona, a futuro,  a la calidad de vida de todes quienes son parte de ella, mujeres, varones, disidencias. Todes.

No hay justicia social sin equidad de género; en ese sentido, es que el movimiento feminista representa el salir de la esfera de lo personal y pensar juntas, colectivamente, el bien común, que ahora significa dejar atrás el oscurantismo, la clandestinidad, la culpabilización y la mercantilización del cuerpo de las mujeres. Éste debate viene dándose fuertemente también hacia adentro del movimiento (regular vs abolir), donde se expresan “los feminismos” en el que claramente no somos todas iguales, no pensamos todas iguales pero todas queremos una sociedad menos desigual y ese fin, más amplio y superador es el norte que nos marca el camino en el horizonte.

La equidad de género, aparece así, como condición para afrontar el desafío de reducir la pobreza, de promover el desarrollo sostenible y de un sistema con mayores niveles de distribución de la riqueza.

Las interseccionalidades están a la vista, las contradicciones también, seguiremos fortaleciendo el proceso de cuidado en el debate de todo aquello que nos inferioriza, en el cuestionamiento de cómo está organizada nuestra sociedad y a que intereses representa.

Pero hoy, para cerrar un año de pandemia mundial, necesitamos la despenalización y para aportar al panorama de lo que nos espera en el debate del senado dentro de dos días, quisiera abonar un análisis con datos holísticos y en clave histórica de la causa.

Muchos derechos de los que hoy disfrutamos enfrentaron una fuerte oposición o resistencia conservadora en su debate social y político, como la ley de voto femenino (1947) en la que surgieron argumentos como que atentaría contra la integridad de la familia Argentina, sobre que esa decisión podría llevar a una mujer a la presidencia (la constitución planteaba que debería ser un ciudadano y en el debate del senado apareció desvergonzadamente el miedo a perder un privilegio masculino de la exclusividad en el espacio de lo público), sobre nuestra capacidad cerebral para decidir, etc.

Asimismo en el debate de la ley de divorcio vincular de 1987, aparecieron justificaciones para su negativa como que los países divorcistas tenían mayores índices de hijos ilegítimos (fuera del matrimonio), de concubinatos (uniones consideradas ilegitimas contextualmente hablando), el aumento de la drogadicción y el aumento de la homosexualidad. Si, increíble pero real y fue hace muy poquito, 33 años. Vaya que avanzamos!

Como tercer ejemplo, la Ley de matrimonio igualitario debatida en el año 2010, quiso ser frenada con discursos vinculados a la afectación de las minoridades e infancias por el abuso sexual infantil (como si dependiera de una condición de género o que las personas heterosexuales no abusaran), ahora las estadísticas de abusos de familias nucleares de padres biológicos, heterosexuales nos horrorizan.

Para cerrar, quisiera ejemplificar con algunos de los países que legalizaron la interrupción voluntaria del embarazo; Estados Unidos (1973), Francia (1975), Italia (1978),  Sudáfrica (1997), Uruguay (2012), Irlanda (2018), etc. Todos ellos demostrando, como dato de salud pública, que pudieron disminuir las muertes por intervenciones clandestinas y el embarazo no deseado a través de las políticas públicas de prevención, que encarna en Argentina, nuestra querida Ley Nacional de Educación Sexual Integral.

Cuando se conquistan nuevos derechos aportamos a la construcción de una sociedad mejor para todes.