Si hay algo que me sorprendió siempre es la enroscada capacidad que tiene la gente en traerte en un cruce de vereda, en un pasillo del laburo o en alguna otra cuestión de diálogo circunstancial el tema de la maternidad. Es como una de esas preguntas predeterminadas de los formularios, parecería que para algunas personas tener esas respuestas es absolutamente necesario para continuar con sus vidas.

-Hola, ¿cómo andas? ¡Tanto tiempo! ¿Qué es de tu vida? ¿Te casaste? ¿Tuviste hijos?

Una ametralladora de preguntas que en el fondo solo encierran la imposibilidad que tenemos de quedarnos en silencio, porque el silencio incomoda: Hola ¡Qué bueno verte!… chau (no es tan difícil). No entiendo y antes me enojaba, pero ahora confieso que hasta me da algo de satisfacción responder con un halo de sarcasmo.

Si leyeron mi última nota en Henryka (https://magazinehenryka.com/mujeres-siglo-xxi/el-cancer-no-es-una-mala-palabra/) sabrán que hace un tiempo me tocó atravesar un cáncer de útero, con la consiguiente cirugía de extracción y demases yerbas que conlleva el evento. Bueno, al parecer este suceso no solo me exime literalmente de las preguntas incómodas, sino que hasta incluso le genera incomodidad a los demás, parece que conmigo deben resetear las preguntas de rigor y eso los descoloca. Yo incomodo, de eso no hay dudas.

Recuerdo que el día que el médico me iba a dar detalles sobre la cirugía, mientras me cambiaba en el baño del consultorio escuché, que hablando con mi mamá, le dice casi susurrando: “es probable que ella no pueda tener hijos” a lo que mi madre con su voz vivaz le contestó “ahhhh, no… ella no quiere tener hijos”, silencio de radio. Yo por dentro, mientras me ponía mi batita celeste, sentí cierta serenidad, ahora mi no-maternidad por fin tenía una causa “razonable”, ya nadie me iba a decir que “se me iba a pasar” o que no quería ser madre porque “estaba de moda”.

Yo lo cuento como una anécdota porque de verdad era una decisión que había tomado años atrás… y justo en ese instante la vida me daba la razón. Creo que también en ese momento fue un cierre para mi vieja, que quizás albergaba alguna esperanza de que yo cambiara de opinión, y claramente mi doc suspiró aliviado al no tener que ser portador de peores noticias, ese día todos en ese consultorio entendimos que las cosas pasan por algo.

Salí de aquella consulta casi en carne viva, no pude evitar pensar en el dolor de todas aquellas mujeres que con el diagnóstico deben dejar de lado sus proyectos sobre la maternidad para preservar su salud (su vida, en realidad) Es cierto que hay otras maneras de ser madres, pero en ese momento se te derrumba el mundo todo junto y creo que no podes pensar en opciones.

Si a esto que te toca pasar le sumás que cada tanto te encontrás con alguna persona X, a la cual le puede importar casi nada de tu vida (y a vos la suya) y por el solo hecho de no tener nada que decir te tira un “¿tuviste hijos?” (como quien habla del clima) yo lo veo algo así como que te den una puñalada y le tiren sal… vos contestas algo al pasar y te vas alejando con tu historia en la espalda pensando ¡¿qué carajos te importa?!

No es necesario indagar en la vida de los demás, eso es algo que debemos grabarnos a fuego en la memoria y repetirlo en voz alta. Me resulta cruel, abusivo y sumamente invasivo interrogar a alguien en cuestiones tan sensibles. Una no quiere ser grosera, pero tampoco es justo tener que ir por la vida siendo interpeladas: Si tuviste hijos, si te casaste, si estás gorda, si te recibiste, ni hablar de las opiniones y sugerencias cuando maternas… mi caso es un poco extremo, pero me sirve para exponer lo que nos pasa a diario y en todos los ámbitos.

No es justo y no se sorprendan si le responden una grosería cuando usted pregunta lo que no es necesario preguntar, si le incomoda el silencio imagine lo que le pueden incomodar las palabras de alguien que no se quiere callar más. Estamos hartas de disfrazar nuestras heridas y repito, no es justo.

Aunque mi nota de hoy suene a reto mi objetivo es disparar una reflexión más profunda: Seamos EMPATIA, seamos con otras mujeres lo que deseamos que las otras mujeres sean con nosotras, acompañemos, formemos esa red que contiene y ampara… dejemos de exigirles(nos) cumplir con mandatos que ya quedaron atrás.

Es momento de cruzarnos, alegrarnos de vernos, abrazarnos (o chocar puños) y seguir… eso nomás. Buena semana.