Las consignas se van actualizando año a año, conquistamos el aborto legal seguro y gratuito pero ahora debemos vigilar su cumplimiento, como ocurre con la ESI, con la Ley Micaela, con la Ley de parto Humanizado, etc.

La lucha continúa y además de permanecer alertas a los derechos conquistados debemos levantar las banderas de las nuevas consignas que traen la importancia de tener un Estado laico, entendiendo que  iglesia y Estado deben ser asuntos separados.

Reivindicamos una lucha que no ha terminado, por el contrario se ha ido complejizando en los últimos tiempos, particularmente en lo que va del 2021 ya se registraron 60 femicidios en nuestro país, uno cada 23 hs, mujeres que mueren por el simple hecho de ser mujeres.

Úrsula, Verónica, Guadalupe… nos duelen, nos duelen todas. Cada día en las noticias con la espectacularización de su muerte. Ellas pidieron ayuda, realizaron una, dos, DIECIOCHO DENUNCIAS, habían medidas cautelares, perimetrales, habían antecedentes y las asesinaron sin más, con total impunidad. Por eso, renovamos las consignas de que “lo personal es político” y que “el Estado es responsable”, sumándole la urgencia de una justicia con perspectiva de género.

Duelen los transvesticidios invizibilizados, impunes. La cosificación y mercantilización de los cuerpos feminizados, duele la profunda resistencia al lenguaje inclusivo que aparece con los  abanderados de la defensa del lenguaje ortodoxo y de la real academia,  en un disfraz que intenta ocultar su homofobia, transfobia y odio a lo diverso en general.

Algo anda mal cuando a una sociedad le incomoda o genera más rechazo, las feministas o las diversidades que los violadores y femicidios diarios.

Por eso renovamos las consignas y estrategias. Es necesario que nos mantengamos unidas en la búsqueda de una sociedad más igualitaria para todas las personas, y que podamos enfrentar esos desafíos interpelando a la sociedad entera, sabiendo que tenemos una tarea ardua y compleja que requiere de una trasformación social hacia nuevas formas de vincularnos en las que, las desigualdades y violencias no tengan lugar.

Nosotras movemos al mundo y el 8M paramos. En el día internacional de las mujeres trabajadoras seguimos exigiendo mayores condiciones de igualdad. Por eso merece la pena rememorar el sentido de la fecha.

El 8 de marzo de 1908 murieron 129 mujeres en un incendio en la fábrica de Cotton en Nueva York, Estados Unidos, luego de que se declararon en huelga con permanencia en su lugar de trabajo. Buscaban mejores condiciones laborales, como la reducción de la jornada laboral a 10 hs y que su salario se equiparara al de sus compañeros varones, ya que hacían las mismas tareas, en peores condiciones y ganaban menos.

Se pasaron más de 100 años y conquistamos muchos derechos como la participación en lo público, el voto femenino, la paridad en la esfera legislativa, etc., pero  aun prevalecen un gran conjunto de desigualdades para las mujeres en el mundo del trabajo (la falta de corresponsabilidad en las practicas de crianza y de cuidado, falta de distribución del trabajo domestico, que implica una gran carga de trabajo no reconocida y no remunerada en detrimento de nuestros desarrollos laborales, profesionales, las brechas salariales de género, el techo de cristal y los procesos de feminización de la pobreza que en contexto de covid19 nos afectó desigualmente a las mujeres ya que estamos más precarizadas que los varones en todos los ámbitos).

Entonces, no es un día para enaltecer “lo femenino” como característica construida de lo que significa ser mujer, no queremos rosas o bombones, queremos igualdad.