Por Ángela Ferreira

La menstruación es un tema que atraviesa la vida de las mujeres y que requiere de un análisis con una profunda mirada de género. Esa perspectiva se ve incorporada en el escrito de Eugenia Tarzibachi en “Cosas de Mujeres, menstruación, género y poder” que fue elaborado en el marco de sus tesis doctoral y posdoctoral como becaria del Conicet bajo la dirección de una gran figura en materia de género como lo es Dora Barrancos.

En  su investigación, Eugenia realizó un recorrido histórico por los diferentes sentidos desplegados en torno a la menstruación y por las distintas maneras de gestionar la experiencia menstrual pensando en los productos que ofrece la autodenominada  “industria del cuidado femenino” a lo largo del siglo XX y hasta nuestros días.

Con lentes violetas o los lentes de la perspectiva de género, Eugenia pone en palabras ese hecho tan universal y a la vez tan estigmatizado (no casualmente) por el que atravesamos las mujeres una vez al mes durante unos 49 años de nuestras vidas en promedio. Gran aporte para entender ese ocultamiento, invisibilización del sangrado como mandato constitutivo del “hacerse señorita”  haciendo eje en un hecho biológico involuntario pero contenido de una gran carga social y cultural.

Tan ocultado que voy a mencionar algunos eufemismos que solemos usar cotidianamente para no llamarlo por su nombre; la regla, el periodo, esos días, indisposición, me vino, estoy con Andrés, me enferme.. todo menos estoy MENSTRUANDO. Estos eufemismos expresiones de la vergüenza que fuimos incorporando en torno a un hecho biológico que no elegimos, ni controlamos.

A la vez, existe un mensaje contradictorio vinculado al cuerpo menstrual ya que por otros sentidos lo han enaltecido como sinónimo de femineidad, de fertilidad ya avizorando un panorama futuro de la maternidad, de la reproducción y de la producción (rol históricamente asignado del sostenimiento de la vida, del cuidado, de la crianza, del trabajo doméstico, poco reconocido y no remunerado en la denominada división social del trabajo).

Entre esos significados sociales, culturales y económicos que fueron constituyéndose en relación a la experiencia menstrual a lo largo del tiempo es que Eugenia nos va echando luz sobre porque la menstruación es un hecho social y político y no solo de índole intima, privada.

Nuestra sociedad aun enfrenta a la menstruación como tema tabú, aunque se fueron desmitificando algunos ejes en torno al tema, quedan muchas  asignaturas pendientes en materia de políticas públicas vinculadas a la gestión de la menstruación y el importante rol que podría jugar la Ley Nacional de Educación Sexual Integral en conocer nuestros cuerpos, nuestros derechos y en como gestionamos el ciclo menstrual.

¿Cómo enfrentan los costos de la gestión menstrual las mujeres en condiciones de pobreza?

Se han venido difundiendo muchas nuevas tecnologías para la gestión menstrual (con comerciales con sangre roja por fin!) inclusive productos que se proponen suprimir el sangrado periódico. Entre las popularizadas durante los últimos tiempos se encuentra también la ya famosa “copita menstrual” que trae una solución ecológica, más amigable y sana para los cuerpos menstruantes pero también sabemos que sigue siendo una misión imposible para aquellas mujeres que no acceden al agua potable.  

Para cerrar, traigo a colación el recuerdo de que no todos los cuerpos menstruantes son femeninos y que no todos los cuerpos femeninos son menstruantes, unida la invitación de que se encuentren con el hermoso libro “Menstruación, género y Poder”, la iniciativa “Menstru-acción” de economía feminista y los textos de “Gineco-Online” para ampliar y resinificar éste proceso biológico que es parte de nuestras vidas.