Hay situaciones sobre las cuales siento que ya no tenemos la opción de guardar silencio o de elegir preservarnos solo en términos personales. Frente a desigualdades de las que somos consientes gracias al feminismo, tenemos la responsabilidad histórica de exigir nuestros derechos, de sentar un precedente, de visibilizar para transformar y que no le suceda a ninguna otra.

¿A que me refiero? El pasado domingo 12 se septiembre en las elecciones PASO (primearías, abiertas, simultaneas y obligatorias) en la Provincia de Misiones, muchas mujeres que concurrieron a sus centros de votación acompañadas o al cuidado de sus hijes fueron obstaculizadas o impedidas de acceder a su derecho de sufragio.

Muchas pudieron considerar ese impedimento inmediatamente arbitrario e injusto alzando la voz para visibilizar la desigualdad, otras no (porque no visibilizan la desigualdad por ser parte de una sociedad machista-adultocentrica y maternofobica o porque no cuentan con las herramientas para hacer valer sus derechos). Muchas otras decidieron no exponerse, evitar el mal trago y simplemente dejarlo atrás porque poner el cuerpo no es tarea sencilla.

Claramente no existió un criterio común-homogéneo (durante toda la jornada circularon en redes y medios de comunicación fotos de varones inclusive candidatos de diferentes partidos votando acompañados de sus hijes de todas las edades), lo cual establece la idea de ciudadanías de primera y ciudadanías de segunda. Varones jerarquizados en relación a las mujeres y adultes jerarquizados en relación a las infancias.

En los tiempos que corren y para las personas conscientes del sistema de opresión patriarcal, el mandato del silencio es el verdadero escándalo.

Todos los hechos de discriminación y malos tratos (jornada PASOS en Misiones), hacia madres e infancias son sumamente negativas en clave democrática y de género.

Seguramente cientos de mujeres ante la negativa simplemente se retiraron de los centros de votación. Además, todo ello viene a reforzar el estereotipo histórico de que lo público no es lugar para mujeres, desestima la lucha sufragista a excusas de la pandemia (porque siempre es en detrimento de los derechos de las mujeres).

Estos hechos son en relación a una sociedad que no establece sistemas de cuidados y que expulsa a las madres e infancias de las rutinas adultas sin prever quien cuida, que percibe a las infancias como una molestia, “un riesgo” o simplemente como seres inferiores.

¿Por qué no se previeron éstas situaciones?, ¿Son las infancias quienes se roban y desordenan las boletas?, ¿consideramos los cuidados como tarea de la esfera solo de lo privado? ¿Cuáles son las cosmovisiones institucionales sobre las infancias? 

Además de que vivimos en una sociedad hostil a la maternidad se nos suma el Adultocentrismo “situación de desigualdad de poder por edad que está instalada en la sociedad, como otra de las múltiples formas que tiene el capitalismo de dividir por relaciones asimétricas” Así, tener más edad en nuestra sociedad, equivale a tener mayor jerarquía. Una supuesta verdad sobre la vida y la legitimidad social pareciera ser sólo para las edades productivas.

“En nuestro país, la ley 26.061 promueve el interés superior de niñes y adolescentes y su derecho a ser oídes, pero en la discusión entre el papel y la realidad este derecho se vulnera sistemáticamente en muchas instituciones” en palabras de Nancy Méndez, Lic. en Trabajo Social, UBA.

Es aceptable no saber lidiar con situaciones nuevas, imprevistas o no contempladas en las planificaciones de trabajo de los centros de votación (frente a lo cual, se pregunta, se consulta), pero ya no es aceptable la desigualdad descarada, el trato irrespetuoso, machista y de subestimación hacia las mujeres e infancias.

Para cerrar, reivindico la necesidad de gratitud a las que pusieron el cuerpo en la lucha histórica feminista, a mis contemporáneas, a las que no minimizan, a las que no individualizan, que no estigmatizan, a las que entienden que a pesar de las diferencias, la desigualdad es un problema de todas.