Hace unas semanas se presentó el mapa federal de experiencias con varones y masculinidades de Argentina que buscará generar y visibilizar espacios en donde varones que ejercieron o ejercen violencia (y varones de cualquier índole) podrían encontrase con profesionales, sensibilizaciones y debates entendiendo que se trata de una problemática social y culturalmente aprendida (es posible repensarse, deconstruir y volver a construir).

Este mapa surge de una articulación entre el Ministerio Nacional de Mujeres, Géneros y Diversidades, el Instituto de Masculinidades y Cambio Social y Spotlight (iniciativa entre Unión Europea y Naciones Unidas que busca terminar con la violencia de género), que entendiendo la importancia de repensar las masculinidades hegemónicas traen a la agenda publica un eje fundamental para la trasformación cultural “repensar las masculinidades”. 

Uno de los actores fundamentales en impulsar esta agenda es Lucho Fabri, referente en cuestiones de masculinidades en la Argentina “nos aliamos para la construcción de masculinidades libres de violencias”.

Se trata de una línea de abordaje de las violencias denominadas por violencias de género que no cuenta con muchos antecedentes en nuestro país en términos de políticas públicas estatales que permitirá la construcción de una línea de base de trabajo con varones desde una perspectiva de masculinidades.

“cuando hablamos de masculinidades nos referimos a aquellos discursos sociales en torno a las formas de ser varones en nuestra sociedad”

La masculinidad no es un hecho biológico, que no está determinado por nuestros genitales, cromosomas o por nuestras hormonas, sino que es una construcción social que se da a lo largo del tiempo y que tiene que ver con lo que se dice culturalmente que los varones deben hacer y cómo deben actuar.

Eso también lo podemos complejizar a sabiendas que la masculinidad no es propiedad exclusiva de los varones (masculinidades trans, lésbicas, no binarias), y al plantearla de manera plural vamos a ir comprendiendo que existen múltiples identidades y expresiones de género que se identifican como masculinas sin necesariamente ser varones.

Lo cierto es que se trata de una demanda sentida y fundamental la de ir involucrando a los varones  en líneas de trabajo que los contemplen  como destinatarios de las acciones estatales para desandar the patriarchy, entendiendo que el género es relacionaly que esas relaciones están basadas en la desigualdad, violencias y privilegios, que no pueden transformarse si solo trabajamos con las mujeres y diversidades sexuales.

Los varones también tienen género y por eso se necesitan políticas públicas que los involucren como destinatarios de las mismas. Las resistencias a trabajar desde un enfoque que involucre a todes no es casual, porque son resultado de la incomodidad que implica tener que auto-revisarse (revisar las prácticas propias), con autocritica que permita comenzar a reconocer los privilegios asignados culturalmente por ser reconocidos como varones (construido como sujeto universal de referencia de la humanidad y jerarquizado frente a todas las demás personas).

La equidad de géneros no puede ser un asunto solo de mujeres o encapsulado de la política. Por ello los varones, (como todes), también son responsables  de construir un camino para una sociedad basada en la justicia social y de género.