Por Ángela Ferreira

Bueno, no sé qué imagen tienen algunes en mente, pero las feministas no estamos todo el día leyendo la teoría marxista, con ropa de guerra y escuchando «malo» de Bebe. Nos encanta salir a luchar, entendemos que los derechos se conquistan, pero también, somos personas de este mundo, tenemos contradicciones.

Al parecer aún hay sectores que creen que las mujeres que se auto definen feministas odian a los hombres, son todas lésbicas, que no se depilan, maquillan, aborrecen cirugías estéticas, no escuchan reggaetón o cumbia.

La noticia muchaches es que toda la música está atravesada por la cosificación del cuerpo de las mujeres y el «amor romántico» opio para la subordinación de las mujeres y para la jerarquización de las relaciones basadas en el género. Estigmatizar solo a determinados géneros musicales es clasista.

Ninguna de las características o decisiones antes mencionadas son buenas o malas en sí mismas. No se trata de cumplir con una serie de requisitos, sino, de que cada una, en su singularidad, pueda elegir libremente, con información y a conciencia.

Claro que hay una de las decisiones que significan la resistencia hecha cuerpo de los parámetros (capitalistas y machistas) de belleza, pero no encarnan una restricción para llamarse feminista. Reitero se trata de que podamos elegir libremente.

El feministómetro aparece permanentemente instaurado entre nosotras (no casualmente) para medirnos, exponernos y descalificar la militancia de la otra por identificarla como competencia.

Hasta cuándo? Como hacemos carne la hermandad, la complicidad (que tienen los varones entre sí independientemente de su clase social, de su partido político o de su edad), en fin la sororidad, materializarla, que desafío!

Lo personal es político surge en los años 60´ con el movimiento de liberación de la mujer y se popularizó en los 70´ por un ensayo publicado por la periodista estadounidense llamada Carol Hanisch. Lo significativo de recuperar esta consigna feminista sustancial, estaría por ejemplo, en no elegir o acompañar gobiernos machistas y de derecha, que desarman, desmantelan y desfinancian las políticas públicas de género,  desestimando así, la lucha histórica del movimiento de mujeres.

La conquista del derecho al aborto legal seguro y gratuito es un claro ejemplo de ello, se conjugó la marea feminista con un gobierno nacional y popular que busca ampliar derechos.

Para cerrar, la pedagogía de la ternura, la sororidad y la invitación estratégica a la deconstrucción, eso sí es revolución y tarea cotidiana a ejercitar. Las feministas somos personas, somos plurales, vivimos en este mundo y crecimos en una cultura machista, estamos empapadas de ella. Reconocerlo es un gran inicio. Llevamos adelante un proceso de revisión personal, de formación y de lucha que se hace modo de vida para liberarnos, para transformar y para desnaturalizar cada vez más las desigualdades que genera la organización social androcéntrica.