Por Ángela Ferreira

En los discursos de odio (lamentablemente habituales en redes sociales), surgieron nuevamente hace unos días en nuestra querida Misiones, las nociones relacionadas a la “política como mala palabra”. Para complejizar el panorama, enunciadas por referentes de medios de comunicación del ámbito local y en la red social más política de todas, twitter.

“Todos los políticos son iguales” “porque no se muere un político” “son todos chorros” son algunas de las frases célebres de las que subyacen un mensaje profundo, que resulta altamente peligroso, buscando denostar la política al otorgarle un sentido negativo.

La política no es mala palabra.

¿Por qué esos discursos atrasan y son perjudiciales para la sociedad entera? Parecía una discusión saldada pero volvamos sobre ella.

En ésta nota, no se ahondará en las discusiones sobre las crisis de representación o de los sesgos conceptuales de lo que significa la política o “politiquear” a lo misionero. Tampoco desentiende que existen hechos de corrupción y dirigentes que no merecen representar al pueblo. Pero, buscará esclarecer la importancia de comprender los efectos que tienen los discursos “anti-política” en nuestra vida democrática.

Lamentablemente se trata de una percepción bastante generalizada en la sociedad, que se fue internalizando en el tiempo con la idea de la política como desprestigiada o desprestigiante. En ese mismo sentido, la libertad de expresión, ha venido emergiendo como escudo “plausible” para dispersar odio, atacar la democracia e incluso, discriminar. Es por ello, que resulta interesante tener presente, que la libertad de expresión no habilita romper pactos sociales, “porque mis derechos terminan donde comienzan el de otras personas”.

No permitamos resonar, en sentido histórico, ni un solo vestigio de todo el miedo que intentaron instaurar durante el último golpe de Estado en la Argentina (1976-1983) que con mucha intervención externa se buscaba “eliminar a los irrecuperables” (Estudiantes, docentes, militantes, sindicalistas, diplomáticos, periodistas, etc.) mediante la desaparición forzada, torturas, asesinatos, violaciones, robos de bebés, saqueo de propiedades, etc. Todo ello, nos dejó los “no te metas”, “algo habrán hecho” construyendo silenciosa connivencia frente a la muerte organizada.

Bien lo dijo nuestro querido ex presidente Néstor Kirchner “es imposible apagar tanto fuego” y con la invitación de “que florezcan mil flores” paulatinamente, la juventud Argentina volvió a interesarse e involucrarse en la Política, entendiendo, que solo participando y poniendo el cuerpo se transforma.

El diálogo, la trasparecía, la participación ciudadana (incorporando tanto nuevas agendas como heterogeneidad en sus actores) y la empatía para construir consensos entre intereses encontrados, son fundamentales en el marco de los desafíos que tocan recorrer para la política de este siglo. Siempre, a conciencia de que caminamos dentro de un proyecto político vigente (a nivel macro), de sus posibilidades y limites, de sus paredes e intersticios. La política no es el fin, es el medio, es la herramienta para transformar la realidad.

Lo preocupante sería, perder de vista que cuanto más desencantado y desentendido de la política esté el pueblo, más débil será.