¿Qué pasaría si las infancias accedieran real y efectivamente a la educación sexual integral?

Bueno, entre otras cosas, conocerían su propio cuerpo, evitarían enfermedades de transmisión sexual, podrían identificar abusadores en potencia (sabiendo que hay partes de su cuerpo que nadie puede tocar y a quien pedir ayuda), respetarían otras orientaciones sexuales diferentes a la propia vivencia y a futuro, disminuiríamos el embarazo adolescente, la cultura del abuso y cosificación de las mujeres, podrían vivir libre de estereotipos, libres de Bullying o violencias por razones de género y con roles funciones familiares democratizadas.

Por todo eso la ESI es asunto de todxs y del espacio de lo público (lo personal es político), ya que la garantía de acceso a este derecho conquistado vía Ley Nº 26.150  nos proporcionaría esa paulatina pero potente transformación social que tanto necesitamos para dejar atrás las violencias, discriminaciones, segregaciones, roles estereotipados y desigualdades sexo-genéricas en general.

La ley plantea la ejecución del programa de salud sexual integral (comprende a la sexualidad en su dimensión más amplia y compleja que lo meramente coito-céntrico, involucra las dimensiones sociales, emocionales y afectivas) con contenidos específicos para cada etapa de desarrollo del ciclo vital de las infancias.

El Estado es responsable en el contralor de la ejecución según lo establecido en la norma pero también es responsable la sociedad entera en la apropiación y exigencia de su efectivización en la cotidianeidad como curricula transversal de las instituciones que llevan adelante la educación formal y obligatoria en la Argentina.

Las familias por su parte, como institución socializadora también tienen un rol  fundamental como reproductoras de cultura (puede ser un agente de cambio) y debería ser parte de esa transverzalización de contenidos como parte de las comunidades educativas. Sin embargo, no puede ser responsabilizada de manera exclusiva si tenemos en cuenta los niveles dispares de acceso a la educación, información, bienes, servicios y factores vinculados a la pobreza en la Argentina. 

Les niñes necesitan integralidad y continuidad en el trabajo con los contenidos de la educación sexual, desde el ejemplo, desde cada espacio en los que participen (de recreación, deportivos, comunitarios, espacios educacionales complementarios, de familias ampliadas, etc.), ya que no retendrán palabras sueltas o de lo visto en “una jornada”, las infancias aprenden también observando, escuchándonos, viéndonos en las formas como nos vinculamos con otras personas, en cómo nos expresamos (incluidos silencios), y  nuestros posicionamientos sobre distintos temas.

Para cerrar la idea, quiero decir que la tribu de la que les hacemos parte a nuestras infancias son fundamentales, en ella, todes somos responsables de la crianza que pretendemos sea respetuosa.

Entonces, por infancias libres y una sociedad más justa y equitativa; todes necesitamos educación sexual integral.