Debo confesar que no es nada fácil desprenderme de los distintos roles que asumo diariamente ya sea por obligación, auto imposición o elección.  Despojarme de todas esas facetas implica reconocer y encontrar mi verdadero ser. Aunque a simple vista parezca una tarea simple, vaya que no lo es.

Soy una mujer intensa, manifiesto mis pensamientos y sentimientos de una manera vehemente. En mi ADN, no hay lugar para medias tintas. Vivo de manera impulsiva y trato de ser fiel a mí esencia. Soy instintiva, siempre hice lo que sentí en el pecho, y aunque algunos finales no fueron los deseados, eso no me hizo dudar que estaba haciendo lo correcto. Si algo no sucedió, no fue porque no lo intenté.

Desde que tengo uso de razón quise ser artista, siempre anhelé las luces y el escenario, bailar se volvió mi pasión, mi escaparate, mi atajo hacia la felicidad. El escenario sacó siempre lo mejor de mí, sintiéndome plena y feliz cada vez que subí a uno. A pesar de que las inseguridades, incertidumbres de la vida y expectativas ajenas me alejaron de las tablas un buen tiempo, hoy bailar para mi es sanador

Lo mío es sumergirme en la profundidad, no me llevo bien con lo superficial.  Contradictoria pero coherente, expresiva en la alegría y en un mar de lágrimas en mis peores días. No tengo problemas en admitir que soy apasionada y muy susceptible, pero cuando algo me motiva y me interesa, concentro todas las energías en alcanzar el objetivo.

 Vivo enamorada del amor, no pierdo las esperanzas de encontrarlo, sin embargo, me considero naranja entera y a esta altura de mi vida ya no creo en príncipes azules. Ví de cerca desteñirse los suficientes.

Por más que muchas veces tuve que luchar contra el entorno, nunca me importó mucho lo que parezco, me importa mostrarme sin tapujos. No sé aparentar lo que no soy. Algo despistada y bastante torpe, me divierte reír de mí misma.

Hice de la resiliencia mi bandera y fortaleza. Me empujo yo sola desde adentro y libro mis propias batallas internas. Aunque la mayoría de las veces no sé si lo estoy haciendo bien, y a pesar de que en ocasiones me cuesta confiar en mi misma, me hago cargo de las consecuencias de mis elecciones. Me duelen las injusticias, y me frustro cuando las cosas no salen como las planeo, pero no me asusta equivocarme, si tengo que juntarme y recomenzar, lo hago.

Hoy estoy en un proceso de reencuentro conmigo misma y con todo aquello que me hace sentir plena. Ser la flor que quiero ser y no ser lo que quieren que sea es mi desafío constante.

No tengo todo el camino recorrido, sigo transformándome, deconstruyéndome y desarrollándome, pero me basta con saber que ésta es mi vida, que solo yo dirijo el rumbo que quiero que tome. 

Saber que siembre puedo elegir y recomenzar es mi victoria.