Por Ángela Ferreira

Tenemos la necesidad de enseñarle a les niñes a protegerse de la violencia sexual y también, la de prevenir la formación de abusadores sexuales a futuro.

Para eso, debemos brindarles herramientas gota a gota y el sistema educativo formal tiene el mejor de los instrumentos, la ESI (Ley Nacional de Educación Sexual Integral).

La creciente sexualización de las infancias, el incremento del consumo de pornografía (basada solo en el goce masculino patriarcal y del sometimiento de la mujer), la naturalización de la prostitución y la explotación sexual, vienen siendo la realidad que no tiene rectificación en la educación sexual.

Así es que, queridas, querides, queridos; al contrario de lo que suele pensarse, los abusadores sexuales (en su mayoría), no son “enfermos”, ni tienen trastornos mentales. Entonces, ¿La testosterona es el problema? ¿Tiene que ver con un impulso sexual biológico de machos? ¿No se pueden controlar? NADA DE ESTO.

Abusan porque pueden, porque fueron autorizados socialmente, porque tienen la sensación de impunidad, porque quieren ejercer su poder sobre alguien, porque entienden que son “dueños” de sus hijas, sobrinas, nietas, porque son educados desde una perspectiva machista, porque creen que la concretización de su deseo sexual está por encima del derecho de una niña de tener su dignidad preservada, porque siempre fueron autorizados e incentivados a acosar a las mujeres, a culpabilizar a las víctimas y a ver a mujeres y niñas como objetos sexuales.  

La ecuación es simple; cuanto más machista sea una sociedad, mayores serán los números de femicidios, abusos sexuales, violencia sexual contra las infancias y de violencia de género en todos sus tipos y modalidades.

Estamos llegando tarde en la educación desde una perspectiva de género. Es necesario tensionar la masculinidad vigente (masculinidad hegemónica), dejar de exigir a los varones que se traguen el llanto, que sean agresivos, viriles, proveedores y controladores. Necesitamos hablar con las infancias y adolescencias (no solo de como prevenir un embarazo e enfermedad de transmisión sexual) sobre las nociones de consentimiento, como conectarse desde la sensibilidad, como desarrollar su identidad sin la exigencia del ejercicio del poder, libre de estereotipos.

El combo de desigualdades sociales, machismo, fundamentalismo religioso (a pleno vapor en Misiones) y de des-respeto al Estado laico, nos trajo al momento de ahora, a nuestra realidad actual, en la que todos los días,  atrocidades son cometidas contra las infancias.

Repito, debemos enseñar a las infancias a protegerse de la violencia sexual pero sobre todo DEJAR DE EDUCAR MACHOS VIOLENTOS Y ABUSADORES.

¿Cómo hacemos eso? Creando y desarrollando políticas públicas de promoción y prevención (en serio, con partida presupuestaria), instrumentando real y efectivamente la ESI, la Ley Micaela y hablando de la importancia de la equidad de género en las escuelas, en nuestras casas, en el trabajo,  en la vereda, en la lluvia, en todos lados.

En fin, esa soñada transformación social se irá dando en la medida que nos apropiemos de los derechos conquistados y podamos trasverzalizar la perspectiva de género en la sociedad entera.