Afuera hay una pandemia, gente vacunándose, teorías conspirativas, burbujas escolares. Yo estoy adentro de un tomógrafo, dicen que el estudio demora media hora pero yo sé que no… me dispongo a pensar cosas mientras pasa el tiempo. A veces cuento mentalmente los segundos que faltan y voy espaciando el conteo a propósito como para darle un changüí a la cosa y que el final sea sorpresivo: “uhhh… ¿ya terminó?”. En fin. Me dispongo a pensar cosas que me saquen de acá.

Abro los ojos y este túnel blanco inmaculado me envuelve ¿cómo hará la gente que sufre claustrofobia? ¿Cómo harán con los niños? ¿Cómo harán con quienes no comprenden bien lo que está pasando acá? Me ahogo un poco, ya pasé por esto, pero siempre salgo distinta de este lugar. Pienso en lo feliz que voy a ser cuando salga  y camine por la plaza de enfrente, con el solcito en la cara, voy a respirar el olorcito de esos arbolitos endebles de la plaza y voy a ser LIBRE de esto que me retiene. Casi que puedo sentirlo…

Un pitido intenso me trae a la realidad: el túnel sigue abrazándome. Hay un dibujo de un cielo celeste con nubes en el techo de la sala pero no lo veo bien porque estoy adentro, alguien pensó que ese recurso era bueno para que nos sintiéramos un poco mejor en este encierro… yo sé que el cielo está afuera (no solo ese dibujo sino el verdadero) pero afuera también hay una pandemia y este túnel se le parece un montón.

Encerrados, aislados, con besos y abrazos embarbijados y distancia social. La pandemia y este hueco del tomógrafo se recontra parecen porque este encierro es una cuestión de SALUD, necesaria y urgente. En algún momento del aislamiento, hubo quienes intentamos hacer de nuestro entorno un lugar distinto a lo que era, algo más simpático de habitar (en el panorama se veía que íbamos a estar un tiempo largo en casa). Algunos compramos sillas más cómodas, camaritas y micrófonos para trabajar, hicimos arreglos para que nuestro lugar sea más ameno, como ese cielo pintado en la sala del tomógrafo, algo que nos diera un poquito menos de sabor a encierro. ¿En que pensábamos cuando pensábamos en salir? En el sol, en los árboles ¿en respirar?

Si no leíste la nota de Nadia Gibaja pasate a leerla porque esto es inaplazable  https://magazinehenryka.com/politica/sid-tenia-razon/. De pronto recluidos en casa quisimos hacer nuestro hábitat más cómodo, más vivible, hay quienes armaron huertas y plantaron flores, pero ¿nos pusimos a pensar en qué tan amigable hacemos del ambiente en el que vivimos desde siempre? Queremos salir a respirar aire puro (sin barbijos) y a conectarnos con la naturaleza pero no plantamos árboles, no compostamos, no reciclamos, no separamos la basura, contaminamos los ríos. Confieso que aprendí algunas cosas en este tiempo pandémico porque, como dentro del tomógrafo, busqué cosas para hacer mientras esperaba el momento de salir en libertad, pero como dicen por ahí entiendo que la salida es hacia adentro ¿cambiamos nosotros? ¿Qué aprendimos de este encierro? ¿Qué valoramos aparte de poder ver a la familia?

Las plazas de pronto volvieron a llenarse de gente y risas, las caminatas cerca del río… ¿se acuerdan de los runners que rogaban por salir a correr por Palermo? Queríamos salir si ¿pero salir adónde? ¿Salir para qué? La naturaleza nos pegó una piña en la cara, caímos por soberbia como Connor Mc Gregor en su última pelea, estamos mordiendo la lona y me pregunto si vamos a levantarnos antes de que suene la campana o nos vamos a dejar vencer.

Yo sigo en el tomógrafo que me envuelve y hace ruido…  Me ahogo un poco de pensar que todavía no comprendimos que lo que vamos a necesitar a la salida de esto es RESPIRAR.