Afuera hay una pandemia, sigue ahí, también hay gente vacunándose, teorías conspirativas, burbujas escolares. Yo estoy adentro de un tomógrafo esperando el momento de salir al sol… si leíste mi nota de la semana pasada (https://magazinehenryka.com/mujeres-siglo-xxi/entornos-primera-i/) sabrás que me gusta utilizar el pienso para irme de los lugares en los que estoy y vaya que me quiero ir de acá.

Reflexionar sobre los modos en los que nuestro entorno fue trasformado por culpa de la pandemia me lleva a buscar ejemplos de cómo el ser humano que evoluciona y se adapta ha encontrado, en esta eventualidad, diversas maneras creativas de sobrellevarla y se ha enfrentado a interrogantes que obligan a la reflexión.

Pensemos cosas entre todos… podríamos reparar en el rol docente, por ejemplo, tan importante, tan necesario, tan eslabón fuerte de la cadena. La pandemia puso en el ojo del huracán la necesidad de capacitación continua sobre el uso herramientas tecnológicas ¡no dió tregua mismo! También puso en foco algo que para mí deja de lado la brecha tecnológica y resalta todo con marcador fosforescente: la humanidad y la vocación.

Ver el esfuerzo de los docentes (y el resto de la comunidad educativa) por encontrar en el entorno metálico de la virtualidad una forma de abrazar, de contener y de acompañar a sus alumnos, incluso entreverado todo con sus caos individuales, confieso me emociona. Sé que hubo miles de conflictos y casos de docentes que no hicieron las cosas bien, pero yo me saco el sombrero por quienes le buscaron la vuelta a esto y la encontraron… El contexto no les aplastó la vocación.

Y ya que estamos pensando en docencia y en entornos reparemos en la infraestructura de las escuelas y colegios, si hay algo que aprendimos es que la virtualidad permitió que estuvieran a dos cuadras o en el Congo Belga los chicos pudieran acceder de alguna manera a los contenidos, acá voy a hacer un gran entre paréntesis con la brecha digital (cuestión absolutamente importante y que necesita ajustes urgentes) porque quiero referirme a la modificación del entorno en sí mismo. Todos (creo) que nos dimos cuenta que las aulas, con sus banquitos alineados no son tan necesarias, no son necesarias las paredes ni los uniformes, incluso no es necesario que el docente este parado al frente de la clase todo el tiempo, porque al fin y al cabo en las clases virtuales todos éramos cuadraditos del mismo tamaño, ufffff que da para repensar estructuras más participativas ¿no?

Obviamente no puedo negar que hubo muchos estudiantes que tuvieron problemas e incluso no pudieron conectarse/adaptarse a la virtualidad y eso me parece a mí que es la piedra fundacional de este repensar estructuras, la educación debe ser igualdad de oportunidades en serio.

Otra cosita que pudimos ver con mayor nitidez es que los procesos de aprendizaje son distintos y tan individuales como estudiantes hay en estos ámbitos, quizás sea momento también de reacomodar los contenidos y los recursos para que la experiencia particular de cada uno sea eso, una experiencia, un recorrido y no una carrera de obstáculos donde arañar como sea la nota para pasar al ciclo siguiente. ¡Ojo! no estoy planteando la anarquía educativa, solo propongo algún bailoteo, un movimiento de cintura que le permita a cada quien alcanzar las metas replanteándonos algunos métodos.

En mi universo idílico todos los estudiantes tienen las herramientas al alcance de las manos y los conocimientos para manejarlas, pueden dar clases debajo de un árbol, en un paraje alejado o en la cocina de su casa, en mi universo idílico todos tienen las mismas oportunidades. Yo sé que falta mucho, también sé que estoy pecando de idealista, pero no se confundan, no me caí del catre, no solo es cuestión de políticas públicas URGENTES que subsanen años de brechas, también se necesita un pelín de presión (y reflexión) social, porque los chicos no son el futuro son el presente y hay que mover el c…uerpo.

Afuera hay una pandemia, pero adentro estamos nosotros esperando salir a ver el sol.