Antes de cumplir 40 me encontré cara a cara con el cáncer. ¡Qué palabra tan impronunciable! CÁNCER. Sí, soy oncológica y estoy en remisión. Durante mucho tiempo, y creo que tuvo que ver con el espíritu de la juventud y esa sensación de inmortalidad que tenemos, vivía las enfermedades como “cosas que les pasaban a los demás”. Bueno… un día estaba ahí.

La verdad es que nadie sabe bien qué hacer cuando el diagnóstico se hace real pero de que hay que hacer algo hay que hacerlo y eso no está en discusión.

En primer lugar es necesario y absolutamente sano agobiarse, entristecerse, caerse… y cuando pasa un rato es necesario y absolutamente sano levantarse y pelearla. Rockearla diría yo. Confieso que durante un tiempo me despertaba y lo primero que pensaba era “hola, tengo cáncer…”. No me salía eso de pensar positivo ¡qué situación de m…!

Quiero contarles también que sin saber que tenía un tumor hice algunas de las cosas más importantes y divertidas de mí vida: fui a ver al indio Solari en Olavarría, viajé, conocí gente, trabaje mucho, cambié de trabajo, estudié, bailé, comí asados, amé…  Nadie me había avisado que no podía, ni mi cuerpo, así que fui por todo.

Cuando tuve el diagnóstico mi primer reacción fue querer bancar todo sola (me quiso salir una superheroína que descubrí que no soy). Después quise mantener todo en el círculo más cercano para “no preocupar a nadie”. ¿Por qué haría eso? Nos enseñan que “lidiar” con enfermos siempre es una carga para alguien que se “sacrifica”, y yo lo que menos quería era ser una carga. Por suerte entendí a tiempo que repartir el peso hace las cosas más llevaderas para todos. Creo que algo indispensable para atravesar este tipo de situaciones es armar una gran RED: familia, amigos, pareja, compañeros y quienes se quieran sumar. ¡Vengan todos!

Yo estuve de los dos lados: cuidé y me cuidaron, entonces sabía que quien acompaña de cerca necesita hacer algo (por la propia salud mental). Todos sufren, no hay alguien que se lleve la peor parte, el dolor es para todos por igual. Decidí permitir que mucha gente me acompañara y fue la mejor decisión: compartir el proceso y darle la oportunidad de quienes me quieren de transitarlo conmigo. Ahhh! Y me convertí en el ejemplo de lo que NO hay que hacer… dejar los chequeos para cuando “tenga tiempo”. Casi que no lo tuve, eh!.

Para quienes acompañan no sirven frases del tipo “si necesitas algo avísame” (y entiendo que uno no quiere invadir) porque sentarse a esperar que te llamen es horrible y no poder hacer nada por alguien que querés duele un montón. Por eso si podés involucrate en la red: alguien se encarga de los trámites, alguien de llevar cosas ricas, alguien de acompañar a las quimios y por favor que alguien se encargue de los memes diarios ¡cómo me hacían reír! Así repartido todo deja de verse y sentirse como una carga. Obvio que hay que respetar tiempos y espacios, pero ser parte es la única forma de acompañar desde el amor para que no le pese a nadie.

Soy una afortunada, esta nota de hoy es un agradecimiento a quienes estuvieron y un medio para contarles que la red contiene a TODOS los que están en ella, no solo al “pa(de)ciente”. Yo estoy bien, voy a estar bien y creo que quizás me quedé de este lado para recordarles que no importa la edad que tengan ¡no son inmortales! Los controles salvan vidas y son urgentes.

Hagan redes, como yo, que soy parte de esta red que es Henryka (donde están Uds. también) y que me banca los recreos “recreativos” que el cuerpo me exige cada tanto. Háganme caso, involúcrense, salten… que hay red.