No importa que tan fuertes, militantes, preparadas, o resilientes seamos, aun nos continúan preguntando ¿hija de quién sos?, ¿mujer de quién? ¿cómo es tu relación con tu ex?  o sobre nuestro outfit, o sobre lo que sentimos por estar en ese lugar, si estamos agradecidas.

 Esas preguntas o comentarios que, lamentablemente, en pleno siglo XXI siguen apareciendo invariablemente, presumen que estar u ocupar determinados espacios no es producto de nuestro propio esfuerzo, trabajo, formación o militancia (porque hacemos todas esas cosas a la vez; maternar, criar, postgraduarse, trabajar, militar, pagar cuentas y resolver todos los problemas de la cotidianeidad, en la mayoría de los casos, solas).

¿cómo llegó? “debe ser amante de…” “debe ser una trepadora” “la familia debe tener mucha guita” “acá hay algo que no sabemos”, etc.

Porque romper con un partido, ser desprolijos, en casos inoperantes, sin preparo o haber llegado por amiguismos o suerte, solo les está permitido a los varones en la sociedad machista. Se trata de los ya conocidos privilegios de ser varón heterosexual.

Hay que decirlo, les da bronca, odian a las mujeres, no nos quieren disputando u ocupando SUS espacios históricos en lo público, cuestionando sus privilegios y demostrando que podemos estar y ser mejores que muchos, que no tiene que ver con la condición de género o con supuestas habilidades naturales de realizar determinadas tareas según el sexo de nacimiento.  

Por otro lado tenemos que escuchar también; “ella es súper independiente”, “siempre se arregló mejor sola”, “le va re bien”, “es imparable, difícil seguir su ritmo” “no para nunca, debería disfrutar más la vida”… no tienen idea! matamos un león por día (sentido figurado) y no se lo decimos a nadie.

Irrumpir o salirse del rol socialmente esperado de nosotras (dulzura, sumisión, abnegación), tiene un costo enorme para nosotras. Un claro ejemplo de ello es nuestra querida ex presidenta Cristina Fernández, que por ser una mujer fuerte, inteligente y una estratega política brillante, sufrió niveles de misoginia inimaginables (asimismo redistribuyó la riqueza y mejoro la vida de todes con políticas históricas para las que necesito otro texto).

Cretina, chorra, yegua, que cuánto costaba lo que se ponía, que era muy atrevido, muy avegentado, bla, bla, bla, no paraban, no tenían limites. Es una mujer fuerte defendiendo los intereses del pueblo. No se lo van a perdonar nunca. 

Someter a las mujeres a la ofensa machista sólo por ser mujeres ya es todo un clásico y la verdad es que tristemente podría tomar miles de ejemplos de mujeres que abrieron caminos en diferentes espacios y en la política tenemos muestras de misoginia para hacer una montaña. Ya sabemos que se trata de una historia tan antigua como la incursión de las mujeres en política; loca, puta, bruja, zorra, feminazi, etc. Siempre así con poca creatividad y mucho machismo.

Pero creo, como bien lo plantean los sororo tips Henryka, podemos comenzar las mujeres por no hacerlo, ni reproducirlo unas con otras. Entiendo que el campo de la política es feroz y nosotras somos fieras pero para ir transformando algunas de las reglas del juego, tenemos que construir hermandad y complicidad congénere.   

Para terminar les dejo unas palabras de la periodista Rebecca Traister en buenas y enfadadas; “Las mujeres poderosas, especialmente aquellas cuyo talento resulta, indiscutiblemente más impresionante que el de sus compañeros varones suelen percibirse como desequilibradas o insanas, solo por desafiar la autoridad y privilegios masculinos”.