Por Carolina Belloni

¡Wow! ¡Que lío se armó en estos días con el beso que le dio el príncipe a Blancanieves! ¡Por fin salió a la luz la verdad y alguien se animó a denunciar!

Supongo que todxs estamos de acuerdo en que para estas cuestiones (en la vida real) es necesario el consentimiento ¿no? Entonces ¿por qué hay personas defendiendo la ficción y el relato mágico como si eso fuera una excusa para decir o hacer cualquier cosa?

Si hubieran leído la nota https://magazinehenryka.com/henryka/ni-princesa-ni-desvalida/ sabrían que las princesas de hoy no necesitan ser salvadas y que claramente no van a permitir que venga un Don Juan, por más bello que sea, a querer besarlas sin permiso.

Lo cierto es que la cuestión de fondo radica en que en estos momentos históricos es necesaria la revisión de los mensajes dirigidos principalmente a las infancias, para poder seguir evolucionando hacia una sociedad más justa y equitativa para todxs.

Entiendo que la reproducción de este tipo de relatos viene desde antes de Disney, y aquí no queremos atacar a la industria, pero ¿tanto les costaba reescribir algunos libretos? Qué lindo sería ver a Blancanieves diciendo que la manzana no le gusta y que prefiere el dulce de mamón.

Repasemos un poco el cuento que desató el debate, una bella y joven mujer (hetero-cis) necesita ser besada con “amor” por un hombre joven y bello (hetero-cis) para ser salvada del hechizo de una bruja malvada, vieja, con cabellos blancos y una verruga en la nariz que la odia y decide embrujarla con una manzana envenenada. ¡Puf! ¡Un montón!

Dato aparte es la cuestión de la manzana que creo ya tuvo su participación en otras historias.

No sé ni por dónde empezar a desmembrar a lo Jack el destripador esta historia, pero la idea es compartirles disparadores para la reflexión.

Conflicto 1: Una madrastra malvada, una mujer mayor compitiendo en belleza con una joven (y un espejito medio botón en el medio). Donde habrá estado el padre de Blancanieves ¿no? Ausente. El estereotipo de la mala mujer presente.

Conflicto 2: Un cazador que lleva a la princesa con engaños hacia el bosque pero después se apiada de ella y la deja escapar. ¿Por qué él no la salvó de entrada? Aquí hay un personaje que parece que no califica como salvador en esta historia.

Conflicto 3: Encuentra la casa de los enanos y después de toda la introducción ellos deciden que se puede quedar a vivir allí si limpia, cocina, teje y borda. Bueno, se entiende que tiene que trabajar para no vivir gratis pero ¿no podían plantear actividades compartidas? ¡Eran siete! Podrían haberla invitado a trabajar a la mina también ¿no? En fin, estereotipos de género que se van sumando.

Conflicto 4: Si los siete enanos eran hombres trabajadores, amistosos y con un montón de otras buenas cualidades ¿por qué ninguno de ellos podía besarla para salvarla del hechizo? ¿O acaso los enanos no califican como salvadores de princesas? A mí me hubiera gustado que el enano sabio hubiera descubierto un antídoto para deshacer el hechizo pero bueno, esperábamos al galán.

Conflicto 5: Aparece la madrastra convertida en una bruja horrible, miserable, que le desea la muerte. Aquí alimentamos la competencia entre mujeres ¡de nuevo! Menos mal que estamos en este tiempo histórico ejercitando la sororidad y buscándole la vuelta al asunto de dejar de vernos como enemigas entre nosotras.

Conflicto 6: Blanqui se come la manzana, cae un sueño profundo, bla, bla, viene el príncipe, la besa dormida, la despierta y viven felices para siempre. ¡Y no! ¡No le pidió permiso! A lxs que se espantan con el análisis del consentimiento les pregunto ¿qué les pasaría si viene alguien y besa a algunx de sus hijxs mientras esta dormidx? Esto no es cuento eh! Pasa todos los días.

Entendemos que es ficción, si, nosotrxs que ya estamos más cerca de la edad de la bruja que de la princesa. Pero dejemos de pensar que son exageraciones modernas y entendamos que la reproducción de estos estereotipos ¡ya fue! Me gustaría ver la cara de algunxs cuando lxs despiertan de una siesta así de sopetón.

No vamos a salir a quemar los libros de cuentos clásicos, pero usemos estas historias para reflexionar, para afirmar conceptos, para derribar estructuras y desde ahí acompañar el desarrollo de infancias más sanas, más libres y donde las historias de amor sean como cada unx quiere que sea.

No es tan difícil. Aprovechemos estas discusiones para deconstruir mensajes y deconstruirnos a nosotrxs mismxs y de paso dejar de comer perdices que a esta altura ya deben estar en extinción. Fin 

Nota al pie: Les sugiero, para quienes deseen lecturas para las infancias, la colección Antiprincesas y Antihéroes de la editorial Chirimbote.