Si escribimos “ansiedad” en un buscador online, van a aparecer infinitas maneras de controlarla o identificarla, pero muy pocos explican exactamente qué es y a qué se debe. 

El primer ataque de ansiedad que pude identificar fue estando en la facultad, tenía que rendir un parcial de Estructuras para el cual me había preparado hasta el cansancio. Siempre fui muy autoexigente y esa vez llevé a mi cuerpo al límite. Tengo muy leves recuerdos de ese momento, recuerdo haber sentido que me ahogaba y que estaba muriendo, el sudor que me corría por las manos y el calor que me subía por el cuerpo. Habían pasado apenas 20 minutos desde el comienzo del examen, pero para mí fueron horas. Me sentía tan extraña que no podía moverme ni pedir ayuda. Fue una profesora la que se dio cuenta de que algo andaba mal conmigo y se acercó a preguntarme si necesitaba salir. Salí a tomar aire y mi mente volvió a conectarse y todo eso que sentí minutos antes, ya no estaba. 

No sabía muy bien qué me había pasado ni por qué, fue mi terapeuta de ese momento quien le puso nombre a la situación. Lo que había sufrido había sido un episodio de ansiedad. 

Hasta ese momento, para mí, la ansiedad era no poder aguantar para hacer una cosa o mirar muchas veces el reloj, situaciones normales de nuestro estilo de vida. 

Pero gracias al trabajo en conjunto con mi terapeuta, logré identificar distintas situaciones, normalizadas por mí, que respondían a lo mismo: las multitudes siempre me pusieron nerviosa y en muchas ocasiones sentí una necesidad imperiosa de irme de distintos lugares, el insomnio se volvió algo recurrente en mi día a día, y la preocupación por cosas que aún no han sucedido es una constante. 

Nunca pude explicar bien por qué sentía lo que sentía, y para muchas personas, e incluso para mí misma, estaba exagerando. 

Con el tiempo aprendí que la salud mental es igual de importante que la física, que no sirve de nada tener el cuerpo perfecto si no cuidas tu mente y tus pensamientos y que hay que saber utilizar las herramientas que se nos brindan. Como dije al principio, hay infinitas maneras de controlar la ansiedad, pero lo más importante es identificarla y saber que se puede vivir con eso y, sobre todo, que es más común de lo que creemos y que es algo de lo que hay que hablar. 

Personalmente, decir que sufro de ansiedad me cuesta más de lo que me gustaría, incluso escribir esta nota fue todo un desafío, porque todavía no logré quitarle el tabú y aceptarla por completo, porque, erróneamente, creo que eso me hace débil o frágil. 

La realidad es que sufrir de ansiedad no te hace ser quién sos, no modifica la visión que tienen los demás sobre vos ni lo que sos capaz de hacer. Pero sí te lleva a prestarte más atención, a mirarte a vos misma y a buscar las respuestas que antes no creías necesarias. Te enseña a pedir ayuda, pero, sobre todo, te hace ver lo fuerte y poderosa que es tu mente y hasta dónde puede llegar. 

Si sufrís de ansiedad, habla. Si sentís que algo no anda bien pero no sabes exactamente qué es, busca ayuda. 

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