Permanentemente en el ejercicio profesional me encuentro con mujeres que dedicaron su vida al matrimonio, los hijos, la empresa familiar y los intereses que nunca fueron  los suyos, aunque les hicieron creer que sí.

A menudo escucho en las entrevistas; “yo confié”,no miraba a nombre de quien estaban las cosas, confiaba”, “ahora me quedo en la nada”, “nunca pensé que él podría hacerme esto”, “pasaba los alimentos hasta que se enteró que estoy en pareja”.

En las separaciones se pierde dinero, se pierden vínculos, espacios, bienes, objetos y en nuestra sociedad patriarcal, las mujeres son siempre las más perjudicadas.

Ya contamos con marcos jurídicos que resguardan los patrimonios (grandes o pequeños), construidos durante las uniones afectivas, pero sabemos también, que la justicia es patriarcal y que sus tiempos no son humanos. Los recursos judiciales para reclamar si no se cumple (con las divisiones de bienes o mantención de los hijos) son siempre tardíos e insuficientes, quedando la mujer en una situación de litigante permanente. Para las que no cuentan con recursos e información para reclamar sus derechos el panorama es aun más complejo.

«una de las mayores desventajas que enfrenta la mujer tras una separación tiene que ver con la falta de ponderación económica del aporte que hace al hogar, que es mucho y no se traduce en pesos» diceMabel Bianco de la Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM),  Además, agrega, la mujer suele perder mucho más en términos de espacios personales.

La clave de la desigualdad reside en el rol parental, no es lo mismo ser madre que ser padre tras un divorcio/separación en la Argentina. Las entrevistas muestran una y otra vez como lo padres usan como medio de “castigo” a lxs hijxs para el ejercicio de la violencia económica y patrimonial sobre las mujeres.

«En general, la mujer queda más desprotegida porque la crianza y el trabajo doméstico recaen más sobre ella y porque suele tener menores ingresos en su trabajo” Mabel Bianco.

Las mujeres estamos más precarizadas en los ámbitos laborales y sobrecargadas con las dobles jornadas laborales en el ámbito del hogar, tareas que son poco reconocidas y no remuneradas. Así, las historias se repiten, mujeres que llevaron esa carga asignada socialmente de la responsabilidad inequitativa del cuidado y la crianza como contracara de la naturalización social  del abandono y la irresponsabilidad parental paterna.

Parece obvio, pero sigue siendo necesario incorporar en los informes sociales que la separación afectiva de los adultos no implica el abandono de la función paterna. Los padres que abandonan no son responsabilizados socialmente.

Por eso, éste texto es para decir; mujeres no confíen ciegamente, permanezcan alerta, no descansen los bienes y patrimonios que construyen a lo largo de su vida en un varón, estén siempre preparadas, si es posible, ahorren para su futuro, no abandonen sus carreras, sus proyectos, sus sueños.

Sé que es difícil hablar de ahorro en este momento, pero las que puedan, háganlo. Se trata de proyectarse estratégicamente en el marco de la realidad que nos toca, sin confiar por demás, negociando distribuciones de tareas más justas, porque nuestro trabajo de todos los días vale y vale mucho.

No confíen en esas premisas que nos la repiten a mansalva sobre “hacer por amor” con las que se pretenden simple y llanamente que nos releguemos en nombre del amor. El mejor ejemplo para nuestrxs hijxs y sobre todo a nuestras hijas, es fuerza, resiliencia e independencia.

Solo nosotras mismas podemos representar nuestros intereses y luego, que sea eterno mientras dure.