Por Sofía D´Arpino Wall

Pese a las películas repetitivas y nevadas que tienen jingle bells de fondo durante diciembre, en latinoamérica tenemos una realidad distinta siendo el 24 por la noche una fecha de calor y cumbia pero en algo hay en común con el primer mundo: la locura de comprar regalos. 

Ante el consumismo navideño y el efecto de éste en el ambiente, podemos tratar temas infinitos como lo que hay en la mesa (carne, carne, carne), la ropa para nosotrxs y la de regalo, las grandes decoraciones… pero vamos a centrarnos en una, que es adonde comienza todo: los juguetes para lxs niñxs

El modelo de bienestar de la sociedad actual se basa en la posesión y acumulación de bienes, lo cual sirve de justificación para que prolifere el consumismo entre las personas; pero ¿qué necesitamos realmente?. Lo que compramos se basa en la medida en que nos auto-convencemos (o nos convencen) de que el producto en cuestión nos va a ayudar a ser más felices y a vivir mejor

Pero ¿qué clase de futuro feliz y saludable podemos dar a lxs más chicxs, si en el presente les abrimos las puertas a seguir nuestros pasos cómplices del extractivismo?

Lxs niñxs son un público sensible a las estrategias de marketing, puesto que son permanentemente estimulados para incorporar a sus vidas los productos y servicios que se les ofrece. Si además fortalecemos que la fiesta de “gratitud, solidaridad y reconciliación” se trata de el tener el último plástico a la moda, conseguimos que se introduzcan desde pequeñxs en la cultura del consumismo, porque más allá de todo, al fin y al cabo: el responsable de comprar ese juguete es el adulto.

En cambio, si logramos que la/el niñx se involucre y sepa de dónde vienen los materiales de los juguetes, podríamos romper el eslabón descontrolado de consumo que se alimenta de estos derivados del petróleo que carecen de ecologismo entre sus prioridades. Por decir unas cifras, a nivel global llegan a los océanos hasta 12 millones de toneladas de plástico, y en el caso de estos obsequios, solo un 12% de chicxs le dedica atención más de un año. Además, el 20% de los juguetes de plástico incumplen las normativas de tóxicos; es decir, no solo contaminamos el ambiente y a nosotrxs mismxs en un tiempo determinado, sino que también en ese mismo instante ya estamos expondiendolxs a venenos que puede afectar a la tiroides y generar problemas de memoria y aprendizaje, retraso en el desarrollo mental y físico, menor cociente intelectual, pubertad avanzada y cánceres. Si sumamos las baterías, contienen mercurio, cadmio, plomo, y la lista sigue.


Según WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza), el ser humano necesitará tres planetas para abastecer el ritmo actual de consumo. Por ello, hemos de cambiar nuestros patrones para revertir hábitos inadecuados y poco sostenibles. Ya no sólo es cuestión de reutilizar y reciclar, sino de también buscar alternativas y vernos como parte de la naturaleza y no sobre ella. 

Por lo tanto la elección de un juguete va más allá de un simple objeto para entretener, es un acto de responsabilidad.

Optar por comprar a emprendedores con juguetes conscientes hechos de madera, bioplásticos y otros productos reciclados obtenidos de manera sostenible, es una gran opción para adquirir en nuestras costumbres, así ayudamos al ambiente y al niñx a establecer un contacto especial con la naturaleza, a trabajar la empatía fuera del antropocentrismo, al tiempo que fomenta el desarrollo de sus sentidos, imaginación y creatividad.

Estamos en un mes de gran ilusión y fantasía para lxs más pequeñxs, que alguna vez también nos llenó de emociones a nosotrxs. Qué mejor que aprovechar este momento tan significativo para transmitirles ese mensaje que tardó en llegarnos: una vida más respetuosa, consciente y pausada.