Al ingresar a un supermercado, además de comprar los productos necesarios, muchas veces adquirimos otros innecesarios. Bueno, eso es el común actuar de los seres humanos, sin embargo, en lo que a  mi respecta, no puedo dejar de reparar que -donde sea que se pose mi mirada-, ESE PRODUCTO que miro se volverá en, menor o mayor tiempo, en basura y será descartado entre miles de objetos también descartados por otros seres humanos. No puedo evitar adquirir lo menos posible y no aceptar, bajo ningún concepto, una bolsa al finalizar el pago.

Me presento, me llamo Marizel Millan, tengo 54 años y me auto defino como un Alma sensible a la existencia, a mi entorno, a los otros seres vivos,  al alimento y a lo que siento. Por todo este sentir  desde temprana edad el entorno natural o urbano no me resultaba indiferente. 

Por picarescas jugadas del destino estudié Licenciatura en Relaciones Públicas, en La UADE, en Buenos Aires, siendo una carrera que me ha permitido disfrutar de infinidad de momentos con personas de distintas latitudes. 

El viajar y moverme en distintas culturas siempre me apasionó y ello me ha llevado a países y lugares de ensueño. En cada uno de ellos mi mayor atracción fue siempre el ver como se desenvolvían los seres humanos con el medio que los rodeaban. 

Siempre objeté y cuestioné el proceder de lo que hacen o deben hacer los gobiernos en materia de reciclado, hasta que un día cayó en mis manos el cuento del colibrí, lo conocen?

Resulta, que en un bosque comenzaron a arder los arboles de forma descontrolada, los animales fueron acorralados por el fuego alrededor del lago. Asustados, aterrados observaban con pavor las llamas que amenazantes danzaban cada vez mas cerca de los animalitos. Uno de ellos, el colibrí, con su pico juntaba agua, volaba y tiraba lo poco que podía caber en su pico. En cientos de vuelos ya agotado, descansa y viene un animalito y le pregunta: “que haces? no te das cuenta que es imposible que puedas apagar el fuego?”, el colibrí lo mira y responde, “tal vez sea imposible, pero yo al menos estoy haciendo mi parte, y vos? Estás haciendo la tuya?”

Este relato simple, fue inspirador para ya no pararme en la crítica y así comenzar a establecer – en mi hogar- el circuito que recorren los objetos que consumimos a diario. 

Modificamos el sistema de agua caliente instalando calefón solar, hace mas de 12 años. En el jardín creamos un espacio para el compost, lugar donde van todos los desechos orgánicos de la casa.

Establecí alianzas con personas que requieren los objetos que descartamos cotidianamente como en cualquier hogar, tapitas, potes de helado, envoltorios, corchos, frascos y tantísimos objetos mas.

Por años convivimos con este sistema de recidireccionar los desechos, pudiendo sentirme un poco satisfecha y con menor culpa al saber que lo desechado puede tener una segunda vuelta de uso. 

Hoy, luego de tantos años me doy cuenta que he estudiado la carrera correcta, Relaciones Públicas, porque  puedo crear los canales entre los que desechan un objeto y los que lo requiere como materia prima para una creación. 

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