No fue suficiente para el sistema patriarcal avergonzarnos de nuestros cuerpos, esconder e invisibilizar un proceso natural que transitamos todos los meses, sino que también se alió con el capitalismo para crear, además de un tabú, mucho dinero, dañando la salud de las mujeres y el ecosistema. 

Desde niñas más de una vez escuchamos que la menstruación es asquerosa, sucia y olorosa, que mientras menos la nombres, mejor. “Me vino Andrés”, “estoy indispuesta”, “me bajó la regla”, y otras 5.000 maneras diferentes de referirse a la menstruación silenciosamente. 

Pero ¿fué siempre así?

La sangre menstrual ancestralmente fue venerada por comunidades nativas y tradiciones espirituales, desde los beneficios a las plantaciones que ésta daba, a la brujería, la reencarnación, a una conexión mística con la vida y el universo.

Las telas empezaron a cumplir el rol de “protección” a las manchas, siendo lavadas para volver a utilizarlas, pero el adoctrinamiento empezó a crecer, creando una avalancha de tabú sobre el cuerpo femenino, que por supuesto en ello estaba la menstruación. Así en 1895 aproximadamente se crearon las primeras toallitas descartables, haciendo mayor impacto en los años 70, creando una industria verdaderamente oscura.

Más a menos, a los diez años te convertís en “mujercita” (término machista y pedófilo), donde te dan tu primer paquete de plástico rosa, que dentro es un laberinto de más plásticos, para llegar a las santas toallitas, que por supuesto están hechas de plástico y un algodón que no es precisamente orgánico, que hasta el día de hoy está en algún lado contaminado, porque sí, tu primera toallita descartable todavía no se degradó, ya que tardan aproximadamente 500 años en lograrlo. 

Además de este producto tan nocivo y popular, nos encontramos con el algodón. ¿Alguna vez te preguntaste por qué podemos usar un tampón o compresa solo por cuatro horas?

Un estudio de la Universidad de La Plata demostró que más del 85% de los algodones en las toallitas femeninas y tampones, contienen restos del glifosato que se usó para el cultivo de los mismos, que como mencionaba en el artículo https://magazinehenryka.com/category/medio-ambiente/ “Tetas fumigadas”, nos exponemos (¿exponen?) al cáncer. Además de las otras sustancias que contienen como los blanqueadores, perfumes, conservantes y el gel milagroso que absorbe todo, que provocan desde irritación hasta enfermedades graves como el Síndrome de Shock Tóxico. ¿El olor a menstruación sabés de dónde viene? Te podés dar una idea de que no es natural. 

Devastación ecológica, deforestación, venenos, contaminación de los suelos, el agua y el aire, y mujeres enfermas, enfermas por ser mujeres, la enfermedad creada y más rentable por y para los laboratorios que tratan todos los procesos naturales femeninos con medicamentos, desde desechables, pastillas a intervenir en los partos, así sumando cada una de nosotras entre 2 y 4 millones de toneladas de toallitas al año. 

¿Hasta cuándo es posible sostener una legalidad construida en función de este modelo económico que tiende a la extinción?

Por fortuna, los saberes ancestrales colectivos jamás desaparecen, y cada vez es más sencillo encontrar emprendimientos sustentables y ecológicos de toallitas de tela, ropa interior absorbente, copas y esponjas menstruales, siendo un impulso de cada vez cuestionarlo más todo, desde nuestras acciones individuales, privilegios, el sistema, como en la escasa educación que tuvimos la “suerte” de recibir.

Una vez más la degradación ambiental, conectada con la desidia gubernamental, se ve indivisible con la subordinación y opresión de las mujeres; haciendo que el cuidado y defensa de uno afecte sobre el otro. 

Conectémonos otra vez con la Pacha, y cambiemos el foco del asco inculcado hacia nuestros cuerpos y redirijamoslo al sistema extractivista que también está manchado, pero de la sangre de los pueblos originarios, animales, mujeres y del futuro. 

Sofia Wall D´arpino

Sofia D´arpino Wall