Por Sofia D´Arpino Wall

Los títulos mediáticos en el mundo nos transportan al inicio de una película de ciencia ficción y terror: el líder de negociación de acciones y capitalización de los mercados financieros mas grandes anuncia la cotización del agua

¿Por qué causa tanto revuelo el poner un precio a un “recurso” más?  Sin caer en el análisis sobre la deconstrucción del vocabulario extractivista de cómo llamamos a los elementos de la naturaleza, el agua es un derecho humano básico reconocido hasta por la ONU.  Está estrechamente vinculado a todas las vidas y medios de vida, siendo además un componente esencial para la salud pública. Ejercer y exigir el derecho al agua es la única forma de proteger la vida misma.

Si bien el índice está basado en los precios de las principales cuencas de California (EEUU), este valor podrá ser usado como referente para las industrias del mundo, siempre teniendo en cuenta el impacto que causa la bolsa de New York porque, nos guste o no, Estados Unidos es la primera economía del mundo.

Pero esto no se termina en el primer mundo, menos en el sistema extractivista en el que vivimos, que explota y aniquila el ecosistema en la tierra de los pobres para el bien de los de arriba. Así, el film de horror va tomando vida: Misiones, hace mucho, está en la mira de varios empresarios. 

Argentina es considerada una potencia mundial por su riqueza hídrica, con un 48% del territorio compuesto por agua. Sin quedarse atrás, acompañando el ranking mundial en el tercer lugar y primero en el nacional, el Acuífero Guaraní es uno de los reservorios de agua dulce más importante. La provincia de la tierra colorada, que resguarda más de la mitad de la biodiversidad del país y además forma parte de dicha reserva, es la manzana dorada de las industrias. 

¡Qué suerte que tenemos el primer Min. de Cambio climático! ¿o no?

Pese al gran homenaje que recibe continuamente la selva paranaense, la presencia del Estado para su cuidado no es la misma. Además de un Ministerio de Ecología precario en recursos, este año se presentó el primero de Cambio Climático donde su ministro Patricio Lombardi, como primera propuesta, proyectó comercializar “bonos verdes” para ceder espacios del territorio misionero a capitales privados nacionales y extranjeros para permitir la destrucción del ambiente pero “compensando” el daño con billetes.

Es decir, la tranquilidad de tener políticxs que defiendan el futuro no la podemos tener asegurada. Sin pensar en las provincias “vecinas” y las prácticas que sufren, como Mendoza con el fracking o Santa Cruz con la prohibición por ley de proteger la naturaleza, que son focos de los grandes glaciares de latinoamérica. ¿Qué clase de conciencia socioambiental podemos esperar?

La cotización del agua demuestra uno de los frutos de la sobreexplotación y contaminación del suelo por la minería, la agricultura y otras industrias, así como la ganadería y la industria de la moda, entre otras que también son cómplices del desperdicio del agua, profundizan la crisis ambiental y sanitaria a nivel global, sin precedentes.

Seguir sin resolver el problema del uso y la distribución de los “recursos” es regalar nuestra dignificación humana.