Uno de los manjares característicos de la cultura argentina dará el debut como el primer alfajor de trigo transgénico (HB4) del mundo. 

Se trata de un acuerdo “científico-productivo” entre Bioceres, una empresa de biotecnología que produce semillas para los mercados agrícolas globales, y Havanna, la famosa marca nacional. Éste se basa «en favor de la sustentabilidad y el cuidado del ambiente» y buscan «llevar productos de alta calidad a la mesa de los consumidores y ampliar el acceso a la información dentro de la industria alimenticia”. La nueva ironía argentina: La agroindustria siendo sustentable e informando a la población sobre lo que come. 

Algo está claro: acostumbramos a que crean que pueden vendernos cualquier cosa. Como alertó la investigadora Soledad Barruti: “El 60 por ciento de las tierras cultivables de Argentina ya están ocupadas de cultivos transgénicos. No sólo no solucionaron el hambre, ni nos dieron mejores alimentos, sino que extendieron la pobreza y aumentaron los venenos en solo 20 años un 1000 por ciento.” Curiosamente, esta vez la estrategia iniciará desde el alfajor VIP más respetado por los argentinos, ¿cómo dudar de tan emblemática marca? al parecer ahora hay que hacerlo. 

Si bien sabemos que los dulces no son justamente un alimento nutritivo, ¿por qué causa tanto revuelo que sea un “poco” peor?

La característica principal del trigo HB4 es que es tolerante a sequía, así el discurso ecofriendly es que permite un uso más eficiente del agua y una mayor fijación de CO2 (Dióxido de Carbono) que un trigo convencional, pero paradójicamente su componente principal es ser resistente a un herbicida más tóxico que el glifosato: el glufosinato de amonio.

¿Qué comemos cuando comemos? Estamos siendo protagonistas de una época en la que el alimento ya no es lo que parece, desde su composición a forma de producción, y lo peor de todo es que esta afirmación es válida para todo aquello que llevás a tu boca. Es evidente que nos debemos un debate profundo sobre la matriz de nuestra economía y sus alternativas, así como un análisis sobre sus consecuencias extremadamente negativas sobre las poblaciones vulnerables y el ambiente. ¿Qué tanto estamos contaminados por este sistema? 

La alarma está sonando, acompañada de desinformación y amigables discursos que nos hace dejar de escucharla, y aceptar como alimentos a los que ya no lo son. La salud de la población está en juego bajo un telón de supuesta sustentabilidad pero sabemos muy bien que cuando se trata de agrotóxicos y transgénicos, por detrás le siguen el cáncer, desigualdad social, pérdida de la biodiversidad, y cualquier cosa menos soberanía alimentaria. Además, esta idea no quedaría solo en unos alfajores ya que es de esperar que una vez iniciada la producción se mezclen los trigos llegando el novedoso veneno a todos los panificados.

¿Cuál es la garantía de que este no es un paso más para profundizar el extractivismo y ecocidio (y todo lo que conlleva socialmente) como única alternativa? ¡Ninguna! 

Si bien, dicha comercialización de trigo HB4 en Argentina se encuentra condicionada a la aprobación para importación por parte de Brasil, nuestro principal consumidor, es hora de preguntarnos ¿cuánto tiempo más sostendremos al agronegocio como única salida alimentaria en uno de los países más fumigados del mundo?. Sin cifras ni estudios confiables al respecto, nos hablan orgullosos de “ética empresarial”, total, la mayoría de los testigos morirá en la negligencia de exigir rigor científico.