Por Silvia Risko

Entonces, vino el príncipe, montado en su majestuoso corcel, con armadura, espada y escudo de la corona, cabellos al viento, rostro viril, poderoso, combinación perfecta entre sex appeal y protección; rescató de los monstruos, brujas malvadas, hechizos y dragones a la pobre, inocente, desvalida, bella, frágil y enamoradiza princesa, para luego galopar juntos por la pradera, besarse frente a los súbditos y…..y? Y terminó el cuentito. 

A quién no le tocó ser el príncipe o la princesa en la historia de su vida? Acá no hay distinción, eh, y obvio que los cuentos no lo contemplan pero bien puede ser princesa con princesa o príncipe con príncipe; da lo mismo.

Desde la primer infancia nos taladran el cerebro con infinitos mensajes, de que sí o sí debemos ser felices!! Cuánta presión!! Pero lo peor es que la felicidad, según el estándar establecido, viene siempre, sin excepción, de la mano de otra personaaaaaaa…(grito mientras escribo), dios! qué difícil es ser feliz entonces, carajo mierda (a lo Legrand).

Llevo varias “gestiones” con príncipes (algunos fueron sapos) de diferentes comarcas, y si me guiara por los cuentos, mandatos familiares y sociales recibidos cual adoctrinamiento, hoy -en vez de estar escribiendo esta columna- debería estar encerrada en la torre más alta del castillo, condenada de por vida a la oscuridad, moho, soledad, aburrimiento y abandono de mis afectos, por no cumplirlos. Qué tul?

Además de que la felicidad viene de la mano de otra persona, sólo se es feliz gozando de la eterna juventud, mierda! Se dieron cuenta que las débiles e inútiles princesas son siempre muy jóvenes y las brujas malvadas son viejas y grotescas? No será que con los años nos damos cuenta que no necesitamos que nadie nos salve, rescate, acompañe o apruebe para sentirnos bien y en plenitud y por eso pasas a la categoría de “bruja” en el relato social? 

Igual destino les toca a los príncipes, ellos de ser lo más bello y poderoso, al final del cuento terminan siendo reyes viejos, borrachos, panzones, lujuriosos y crueles…y lo que es peor, queriendo demostrar su hombría con abuso de poder, rodeados de bufones, aplaudidores y aprovechadores de su decadencia. 

La presión de los diferentes sistemas que componen nuestra sociedad sobre cada una de las personas, es terrible! Ellos, los príncipes, deben ser proveedores, machos y valientes; nosotras, las princesas, sumisas, dependientes y eternas “esperadoras” de la mirada de ellos para estar completas. Frustración garantizada para ambos.

No se ustedes, pero yo aprendí que los príncipes y princesas son puro cuento, lo único real y tangible es que la vida es una sola y depende de nuestra actitud y decisiones transitarla con el mayor bienestar posible, saboreando -cual caramelo de dulce de leche pegado al paladar- los atisbos de felicidad, sembrando, cosechando y disfrutando momentos -que se convertirán en recuerdos- y nos sostendrán cuando más lo necesitemos. 

Enamorarse y sentirse bien con otra persona se siente rico, pero lograr ese estado sin necesitar de alguien es sublime.